Yo no me saco nada
- Por Facundo Esteche, edil Partido Colorado
Desde hace años escucho las mismas frases, o las mismas ideas, respecto al diálogo entre políticos: “hay que sacarse la camiseta”, “evitar las banderas políticas”, para así “estar unidos”. Siempre le escapé a esa idea de sacarse la camiseta porque intuyo que nadie es capaz, de por sí, de actuar de otra forma porque la “camiseta” lo condiciona. O simplemente no hay aptitud para eso. Lo cual, en mi opinión, conlleva traicionar una parte identitaria, empezando por las razones por las que uno es parte de determinado partido. Yo soy Colorado y eso no me impide poder conversar y estar de acuerdo, o diferir, con otra persona que está en otro espacio político. No tengo que quitarme ninguna camiseta ni bajar ninguna bandera para hacerlo. Tampoco exigir que alguien lo haga para que pueda dialogar conmigo. Imaginate decirle a alguien de Peñarol o Nacional que tiene que sacarse la camiseta. Impensable. La grandeza está en poder vivir y convivir aún teniendo la camiseta puesta, viendo más allá de esas diferencias.
La premisa es que con esta desvestida, despojándose uno de sus ropas políticas, lograremos estar más unidos. Eso es falso y no tiene sentido. Y hasta parece un argumento de una dictadura. Si tenés que renunciar a lo que sos para poder unirte con alguien, estás simulando una unión que no es verdadera. La unión bien entendida, la que se complementa y nos hace mejor gracias a la diversidad, no obliga a renunciar a las creencias. Ceder un poco, quizás sí, es lógico. Abdicar, no.
En Salto lo vi funcionar así más de una vez. Después del lamentable episodio climático de hace unos días, muchos políticos pudieron unirse, pensando en ayudar, sin quitarse ninguna camiseta. Ejemplos se dan también en la Junta Departamental, donde un edil colorado y uno frenteamplista pueden votar juntos un mismo proyecto, cada uno con su camiseta puesta y sus razones propias para llegar al mismo lugar. Nadie renunció a nada. Nadie tuvo que fingir que dejaba de creer en lo que cree para sentarse en la misma mesa. Esa es la unión que si sirve, la que suma diferencias en lugar de borrarlas. Pero de tanto repetirla como latiguillo, la frase perdió el significado que un día tuvo.
Curiosamente lo único que se está logrando, frases trilladas, es una clase política unida pero desconectada con la gente… que son quienes votan. ¿Quienes son realmente los que están unidos? ¿Tiene sentido estas frases cuando la gente cada vez cree menos en los políticos? ¿Está bien hacer transfugismo político bajo el pretexto de la ‘unión’?
Yo no me saco nada. Ni la camiseta, ni las razones que tengo para llevarla puesta. Puedo sentarme con cualquiera, discutir, ceder, construir algo en común, sin que eso signifique dejar de ser quien soy. Y tampoco que el otro deba quitarse algo. Nadie se tiene que desvestir para lograr la verdadera unidad.