Cambiar el rumbo
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
El Uruguay asiste, con creciente estupor y profunda preocupación, a un despliegue gubernamental que parece extraviado en la improvisación, la falta de rigor y un desdén inadmisible hacia la investidura presidencial. La administración encabezada por Yamandú Orsi acumula, en un lapso alarmantemente breve, una serie de tropiezos institucionales, controversias éticas y señales de desconcierto que erosionan la confianza pública y paralizan las expectativas de desarrollo nacional. El país no puede permitirse el lujo de la deriva; se impone un cambio de rumbo inmediato, categórico y transparente antes de que el desgaste estructural sea irreversible.
IMPROVISACIÓN
Uno de los episodios más sintomáticos de esta gestión deslucida ha sido la desconcertante gestión en torno a los proyectos de inversión estratégica, evidenciada de manera inocultable en las idas y vueltas sobre la planta de hidrógeno verde. Las idas, las rectificaciones y la desconexión operativa frente a tensiones internacionales y vecinales han puesto de manifiesto una preocupante carencia de planificación diplomática y económica. Un Estado serio no puede improvisar las grandes apuestas de su matriz energética ni exponerse a papelones de magnitud en los tableros internacionales. La falta de una voz firme y unificada transmite una imagen de debilidad que afecta directamente la llegada de inversiones genuinas y la seguridad jurídica que tanto costó construir a lo largo de décadas.
CUENTAS SIN PAGAR
A este titubeo en las grandes ligas de la economía se suma, de manera patética, el descrédito en los asuntos más cotidianos y básicos de la administración personal de las autoridades. Resulta incomprensible y bochornoso para la ciudadanía atestiguar cómo las más altas esferas del gobierno quedan envueltas en cuestionamientos por servicios impagos o cuentas pendientes que demuestran una preocupante ligereza en las obligaciones cívicas más elementales. ¿Cómo exigir orden fiscal, cumplimiento tributario y disciplina presupuestal a la ciudadanía cuando desde la propia cima del poder se proyecta una sombra de negligencia en el manejo de las obligaciones particulares?
LA CAMIONETA
La crisis ética, sin embargo, encontró su punto más álgido en la escandalosa adquisición de la camioneta oficial con un descuento de miles de dólares. Lejos de asumir la gravedad institucional que implica beneficiarse de ventajas comerciales de esa naturaleza, la respuesta inicial desde el oficialismo osciló entre la displicencia, el silencio cómplice y frases tan infelices como la de "tirarse de cabeza" ante cualquier rebaja. Ni las tardías explicaciones, ni los videos ensayados, ni los posteriores intentos de enmendar el error mediante donaciones improvisadas han logrado borrar la sensación de que el ejercicio del poder se ha desvinculado por completo de la sobriedad republicana y la ética republicana indispensable. Cuando el gobernante prioriza el beneficio personal o el manejo antojadizo de los benefactores por encima del decoro del cargo, se quebranta el pacto de confianza democrática.
RUMBO EQUIVOCADO
Los uruguayos fuimos históricamente celosos de la transparencia, de la austeridad de nuestros líderes y de la previsibilidad institucional. Hoy, en cambio, observamos un gobierno que tambalea entre la confusión diplomática, el descrédito doméstico y la frivolidad ética. La acumulación de estos episodios no es una seguidilla de meras anécdotas desafortunadas; constituye el síntoma inequívoco de un rumbo equivocado que amenaza con sumir al país en el estancamiento y el descrédito cívico.
CAMBIAR EL RUMBO
La República exige madurez, rectitud y un compromiso inquebrantable con el interés general. Todavía estamos a tiempo de corregir el timón, de exigir rendición de cuentas genuina y de rescatar la dignidad institucional que jamás debió negociarse. El futuro del país no puede hipotecarse en pos de la improvisación ni de la especulación personal. El cambio de rumbo debe darse hoy; mañana podría ser irremediablemente tarde.