Carnaval en Salto /
Vendedores ambulantes denuncian trabas para trabajar en los desfiles de samba
La organización de los recientes desfiles de Escuelas de Samba en Salto generó críticas por parte de vendedores ambulantes que aseguran haber quedado excluidos de la posibilidad de trabajar durante el evento. Entre las voces que se manifestaron se encuentra Nilsa González, de 78 años, quien difundió un video grabado en las afueras del Palacio Córdoba en el que expresó su malestar tras reiteradas gestiones sin éxito ante autoridades locales.
González, conocida en ámbitos culturales por representar a Uruguay en actividades internacionales, relató que acudió en varias oportunidades a oficinas públicas para solicitar autorización para vender con su carrito principalmente juguetes y artículos sencillos, pero sostiene que las condiciones exigidas resultaron inaccesibles. “Trabajar es un imposible; te ponen todas las piedras para que no trabajes”, señalando que solo quienes pueden afrontar costos elevados o cuentan con estructuras mayores logran instalarse dentro del predio del desfile.
Costos elevados y acceso limitado para el público
González también cuestionó el traslado del desfile a un lugar más alejado del centro, lo que, según indicó, encarece tanto la asistencia del público como la actividad comercial informal. Mencionó gastos de transporte, entradas y precios internos que, a su entender, dificultan la participación de familias de menores recursos.
Calidad del Carnaval
Aun así, destacó la calidad artística del carnaval, reconoció el esfuerzo de comparsas y participantes, calificando el espectáculo como “hermoso y maravilloso”. Sin embargo, subrayó que la estética y la organización no deberían excluir a quienes históricamente han encontrado en estas celebraciones una oportunidad económica.
Vendedores ambulantes y derecho al trabajo
La trabajadora sostiene que a los vendedores informales se les exige ubicarse fuera del área principal o desplazarse vendiendo de forma ambulante, algo que considera inviable dada su edad. “Me dijeron que debía trabajar caminando con una bolsa; no me voy a humillar así”. El reclamo, no se limita a su caso personal. Señala que muchos trabajadores informales esperan el carnaval para obtener ingresos extra que ayuden a pagar cuentas o mejorar la economía familiar. “Solo queremos hacernos unos pesos para comer o cubrir gastos”, expresó, insistiendo en que debería existir espacio para todos.
Falta de información y malestar creciente
La falta de explicaciones claras sobre las disposiciones que restringen la venta ambulante. Aunque valoró la cordialidad del personal que la atendió, afirmó que nadie pudo darle una solución concreta ni precisar quién toma las decisiones finales. La situación deja, según su testimonio, un sentimiento de frustración entre trabajadores que se consideran parte tradicional del carnaval. “Critican cuando la gente no trabaja, pero cuando quiere hacerlo le cierran las puertas”.