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En un rincón del barrio Hipódromo, en la ciudad de Salto, crece algo más que plantas: florece una idea. “Cosima” nombre que proviene del femenino de cosmos y significa orden y belleza es un espacio ecológico y cultural creado por Victoria y Danilo, una joven pareja que decidió reconectarse con la tierra y, al hacerlo, inspirar a toda una comunidad.

Desde una antigua casita revestida con barro, a la que cariñosamente llaman la casita verde, estos emprendedores impulsan talleres, ferias y actividades que combinan sustentabilidad, educación ambiental y bienestar. En palabras de Victoria, “empezó como una inquietud personal y terminó siendo un proyecto compartido que crece junto con la gente”.

De una casa restaurada a un movimiento vivo

Todo comenzó con la restauración de una pequeña vivienda de ladrillo, que con paciencia y materiales naturales fue transformada en un refugio sostenible. Danilo explica que “la casa se recubrió con tierra del lugar y paja para mejorar la aislación térmica”. Así, lo que en verano era un horno, hoy es un espacio fresco y acogedor. El proyecto pronto trascendió los muros. En agosto realizaron su primer taller de huerta agroecológica, una propuesta sencilla pero transformadora: aprender a cultivar en apenas un metro cuadrado de tierra. La idea era animar a las personas a empezar pequeño, con éxito, y desde ahí crecer. “Uno a veces quiere plantar todo y se frustra; lo importante es comenzar con algo manejable y sostenible”. La convocatoria superó todas las expectativas. Tuvieron que repetir el taller dos semanas después, y desde entonces, Cosima no ha dejado de recibir visitantes, curiosos y entusiastas que buscan aprender a vivir de forma más consciente.

Talleres, ecoferias y flora silvestre

Con el correr de los meses, Cosima amplió su propuesta educativa. Se sumaron actividades como el reconocimiento de flora silvestre, a cargo de especialistas invitados, y elaboraciones con plantas nativas. En octubre celebraron su primera ecoferia, un evento inédito en la ciudad que reunió a emprendedores locales comprometidos con la sustentabilidad. “Queríamos cerrar el año con algo distinto, conocer a otras personas que están haciendo cosas parecidas, y la respuesta fue preciosa”, recuerda Victoria. La ecoferia se convirtió en un punto de encuentro entre productores, artesanos y vecinos que comparten una misma visión: que el cambio empieza en casa, en el suelo que pisamos.

Las noches de café, el verano en Cosima

Con el calor del verano, el espacio se transforma. Desde enero, Cosima abre sus puertas los viernes y sábados por la noche para ofrecer una experiencia distinta: “noches de café” al aire libre, con un menú saludable y casero. Hay opciones dulces, saladas, vegetarianas, veganas y sin gluten. “Queremos que todos se sientan cómodos, sin etiquetas ni exclusiones”, explica Victoria. El ambiente es íntimo: pocas mesas, luces suaves y la calidez de ser recibidos “como en casa”. Las reservas se agotan rápido, lo que demuestra el creciente interés por este tipo de propuestas alternativas. El plan, cuentan, es que el café evolucione con las estaciones: actividades al aire libre en verano, espacios interiores en invierno. “Fluimos con los ritmos de la naturaleza”.

Una comunidad que crece con las raíces

Además de talleres presenciales, Danilo impulsa una comunidad virtual de huertistas en WhatsApp, donde las personas intercambian plantas y semillas. “Tengo bananas, otros tienen papayas, y así nos enriquecemos mutuamente en capital natural”, comenta. Esta red gratuita busca revivir la tradición de las huertas familiares, que en otros tiempos eran comunes en cada casa. Su objetivo va más allá del autoconsumo: se trata de reconstruir una cultura de colaboración y respeto por los ciclos naturales. “Queremos producir lo que comemos, compostar los residuos, aprovechar el agua y reconectar con lo esencial”, resume Danilo. Esa filosofía se respira en cada rincón de Cosima.

La juventud que marca el rumbo

Durante la entrevista, el periodista de La Prensa no oculta su admiración, “En tiempos donde se dice que la juventud está perdida, ustedes son un ejemplo de que se puede construir, crear y cuidar”. Y es cierto. Victoria y Danilo encarnan una generación que, lejos de la apatía, elige actuar. Desde su pequeño espacio en el barrio, promueven una transformación profunda, silenciosa y contagiosa.  “Queremos expandir esta conciencia de cuidar el suelo, el ambiente, y aprender entre todos”. Su sueño es formar una comunidad estable de aprendizaje y cooperación. “Cuidar la naturaleza es un bien común”.

De los residuos al renacer del suelo

Uno de los temas más sensibles que abordaron fue el vertedero municipal de Salto, fuente de contaminación y preocupación para los vecinos. Danilo explica“La mitad de los residuos que llegan al vertedero son orgánicos. Si los compostáramos, no solo reduciríamos la basura, sino que devolveríamos nutrientes al suelo”. El compostaje, además, evita la emisión de gas metano, altamente contaminante e inflamable. Para él, la solución empieza en casa: “No podemos decidir dónde se ubica el vertedero, pero sí reducir nuestro impacto diario”. Esa conciencia ambiental se traduce en acción práctica y educativa.

Una semilla para el futuro

Cosima no es solo un espacio físico; es una idea viva, una forma de habitar el mundo. Lo que comenzó con la restauración de una casa se transformó en un movimiento que combina arte, educación, naturaleza y comunidad. “Cosima significa orden y belleza, y eso es lo que buscamos cada día”. Desde su cuenta de Instagram @sinergia.cosima, y el perfil de @danilo.da.rosa, invitan a todos a sumarse, a los talleres, a las noches de café, o simplemente a conversar bajo el cielo del Hipódromo. En tiempos de crisis ambiental, Cosima florece como símbolo de esperanza y coherencia. Un recordatorio de que el cambio como una semilla comienza pequeño, pero puede transformar el paisaje entero.

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