El peso de los alimentos /
Revela las desigualdades en el bienestar de los hogares uruguayos
El porcentaje del presupuesto que los hogares destinan a la compra de alimentos constituye una de las principales referencias para aproximarse a sus condiciones económicas. En Uruguay, ese peso varía de forma significativa según el nivel de gasto de las familias y también entre los distintos departamentos del país.
Un nuevo estudio del Observatorio Económico de la Universidad Católica del Uruguay Campus Salto analiza esta realidad a través de las fichas técnicas socioterritoriales “El peso de los alimentos en el gasto de los hogares en Uruguay” y “El peso de los alimentos en el gasto de los hogares por departamento”.
A partir de datos de la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares, el informe utiliza el denominado coeficiente de Engel, un indicador que mide qué proporción del gasto de consumo se destina a alimentos y bebidas no alcohólicas. Su comportamiento permite aproximarse al nivel de bienestar económico y observar diferencias entre los hogares y los territorios.
La denominada Ley de Engel, formulada hace más de un siglo por el estadístico alemán Ernst Engel, establece que, a medida que aumenta el ingreso o la capacidad de gasto de una familia, disminuye la proporción de recursos destinada a la alimentación. Esto no significa necesariamente que los hogares de mayores ingresos gasten menos en comida, sino que este rubro representa una parte menor de su presupuesto.
La brecha entre hogares alcanza más de 20 puntos
En Uruguay, un hogar promedio destina alrededor del 21 % de su gasto de consumo a alimentos y bebidas no alcohólicas. Sin embargo, el promedio nacional oculta diferencias importantes.
Los hogares con menor capacidad de gasto destinan cerca del 28 % de su presupuesto a la alimentación, mientras que en los hogares con mayor nivel de gasto la proporción cae hasta aproximadamente el 7 %.
La diferencia evidencia el menor margen que tienen las familias de menores recursos para afrontar otros gastos esenciales, como vivienda, educación, transporte o recreación.
Más ingresos, mayor diversidad del consumo
El estudio señala que alimentos, vivienda y comunicaciones son bienes de primera necesidad: están presentes prácticamente en todos los hogares y pierden peso relativo cuando aumenta la capacidad económica.
En cambio, transporte, educación, equipamiento del hogar, restaurantes y actividades recreativas ganan participación entre las familias con mayores recursos. Una vez cubiertas las necesidades básicas, aumenta la posibilidad de destinar dinero a consumos vinculados con una mayor calidad de vida.
Las diferencias también se reflejan en el territorio
El coeficiente de Engel muestra además una marcada dimensión territorial. Montevideo y Maldonado presentan los menores porcentajes de gasto en alimentos, en torno al 18 %, en línea con sus mayores niveles de gasto promedio.
En el extremo opuesto se encuentran departamentos del norte y del este. Artigas registra el coeficiente más elevado, con 25,5 %, seguido por Río Negro, Rocha y Cerro Largo, todos por encima del 24 %.
Salto, con un coeficiente de 22,1 %, se ubica ligeramente por encima del promedio nacional. El informe considera que este resultado es consistente con otros indicadores sociales y refleja una realidad en la que el presupuesto familiar es más ajustado.
Incluso al comparar hogares con niveles de gasto similares, los residentes del interior destinan una proporción ligeramente mayor de sus recursos a alimentos que los hogares de Montevideo. La diferencia, aunque moderada, sugiere la incidencia de factores como los patrones de consumo y las diferencias regionales de precios.