Un gigante en la avenida /
El tanque que mira pasar el tiempo
Al venir desde el este por la avenida Apolón de Mirbeck, antes de llegar a la avenida Concordia, es imposible que pase desapercibido. Allí, firme y silencioso, se levanta el tanque de agua de la Escuela Nº 13, conocida como la del Hipódromo. Su presencia llama la atención de todos los que transitan, pero al mismo tiempo ya se ha vuelto parte inseparable del paisaje de la zona.
Una obra que sostiene la vida
El tanque, con su esfera de hormigón sostenida por tres columnas y una escalera metálica que trepa hacia lo alto, cumple una función vital: guardar y distribuir el agua. No es solo una estructura de cemento; es un depósito que asegura que la escuela y la comunidad tengan acceso a un recurso esencial. Su diseño, práctico y robusto, refleja la necesidad de unir utilidad con resistencia.
Testigo del barrio
Como decía aquella canción, está allí “mirando pasar el tiempo”. Y vaya si lo ha visto pasar: generaciones de niños entrando y saliendo de la escuela, vecinos que lo toman como referencia para ubicarse, familias que lo ven cada día al cruzar la avenida. El tanque se ha convertido en un testigo silencioso de la vida cotidiana, un punto fijo en medio de los cambios del barrio.
Parte del paisaje y de la memoria
Aunque a primera vista pueda parecer solo una obra de ingeniería, el tanque es también un símbolo. Su silueta recortada contra el cielo azul se mezcla con los árboles, las casas y los caminos. Es un recordatorio de que las cosas simples, las que están siempre ahí, terminan formando parte de nuestra memoria colectiva. No tiene adornos ni colores llamativos, pero su sola presencia impone respeto. Es un gigante discreto que se mantiene firme, cumpliendo su tarea sin reclamar protagonismo. Y sin embargo, todos lo miran, todos lo reconocen. Es un punto de encuentro entre lo funcional y lo emotivo, entre la necesidad y la identidad.
El tanque es más que un deposito de agua
El tanque de la Escuela Nº 13 del Hipódromo es más que un depósito de agua. Es parte de la historia del barrio, un compañero silencioso que nos recuerda que la infraestructura también puede ser paisaje, memoria y emoción. Allí seguirá, mirando pasar el tiempo, mientras la vida continúa fluyendo a su alrededor.