La familia como raíz de la esperanza /
Sixto Monetta y su cruzada filosófica por la vida
En una charla profunda y emotiva realizada en el Streaming de Diario La Prensa, el profesor Sixto Monetta, docente de Filosofía y de Latín, compartió su experiencia y su mirada sobre uno de los temas más sensibles de nuestro tiempo, el suicidio y la crisis de salud mental que atraviesa a todas las edades. Con tono reflexivo Monetta abordó el papel de la educación, la familia y los valores en la formación de seres humanos más fuertes y esperanzados. “Mientras hay vida, hay esperanza”, repitió a lo largo de la conversación. Una frase sencilla que condensa una filosofía de vida basada en el diálogo, la empatía y la reconstrucción del tejido humano roto por la prisa y el individualismo de la sociedad moderna.
El origen de una vocación, transformar el dolor en acción
Monetta recordó que su compromiso con la prevención del suicidio surgió tras un episodio doloroso ocurrido en su institución educativa. Un alumno de primer año decidió quitarse la vida, un hecho que conmovió profundamente a toda la comunidad. “Nos tocó muy de cerca. Ahí comprendimos que no podíamos mirar para otro lado.”
Junto a colegas como Bocchia, Arbiza y Álvaro Machado, formó un equipo de trabajo para abordar la problemática desde un enfoque integral, priorizando la escucha, el acompañamiento y la formación de redes de contención. Desde entonces, han llevado adelante talleres en centros educativos y deportivos, especialmente en clubes de básquetbol, donde detectaron la necesidad urgente de hablar de salud mental con los jóvenes.
“El deporte es una escuela de vida. Allí también se puede enseñar a compartir, a contener y a pedir ayuda. Cuando los clubes se involucran, toda la comunidad se fortalece.”
La salud mental como tarea colectiva
Para Monetta, la salud mental no es un problema individual, sino una cuestión social y multicausal. “Atraviesa todas las edades y todos los sectores. Antes se pensaba que era cosa de adultos, pero hoy afecta a niños, adolescentes, jóvenes, adultos y personas mayores. Nadie está exento”.
El profesor insistió en la importancia de prestar atención a los cambios de conducta que pueden ser señales de auxilio. “Muchas veces no los vemos por el activismo, por estar metidos en mil cosas. Pero un cambio de actitud puede ser un grito de ayuda.”
En ese sentido, destacó que las soluciones no siempre son inmediatas, pero siempre existen. “Los problemas tienen solución a corto, mediano o largo plazo. No hay dilemas sin salida. Lo que no tiene retorno es la vida perdida.”
La familia, núcleo de contención y espejo de valores
Uno de los ejes más fuertes es la familia como base de toda sociedad sana. Para Monetta, la desintegración del hogar moderno es una de las causas profundas del aislamiento y la desesperanza. “Nunca se habló tanto de la familia y nunca estuvo tan incomunicada”.
Recordó cómo antes existían rutinas y roles claros, la hora de comer, de estudiar, de jugar. Hoy, en cambio, la tecnología y el ritmo de vida fragmentaron esos espacios de encuentro. “Estamos cuatro en la mesa, y cada uno en su celular, en mundos distintos. Los más cercanos están tan lejos, y los que están lejos parecen tan cerca”.
Monetta subrayó que no se trata de nostalgia por el pasado, sino de rescatar valores esenciales: el respeto, la comunicación y la presencia emocional. “No digo que mis tiempos fueran mejores, pero la familia te formaba para enfrentar la vida. Los valores eran la base, el alimento del alma.”
Tecnología, educación y palabra, las herramientas del presente
Lejos de condenar el avance tecnológico, Monetta defendió su uso consciente y educativo. “La tecnología es una herramienta maravillosa, pero si se usa mal deja de ser un bien”. Reclamó a los padres mayor atención sobre el uso de las redes y los videojuegos, que muchas veces exponen a los niños a desafíos peligrosos o a contenidos inadecuados.
El docente, apasionado por el lenguaje y la filosofía, también reflexionó sobre la pérdida del valor de la palabra en la era digital. “No es lo mismo decir lindo, hermoso o precioso. Cada palabra tiene su peso. Pero hoy todo se iguala, todo se vuelve sinónimo, y así se empobrece la comunicación.”
Para él, enseñar a hablar con precisión es también enseñar a pensar. “La palabra forma, ordena y transmite valores. Cuando perdemos la palabra, perdemos la comprensión del otro.”
Volver a educar en el ejemplo
En un pasaje entrañable, Monetta evocó una anécdota de su infancia, una vez s llevó una goma de la escuela sin permiso, y su madre le ordenó devolverla. “Eso me marcó. Aprendí que lo ajeno se respeta. Hoy esas lecciones parecen pequeñas, pero eran las que formaban el carácter.”
Criticó la tendencia actual a delegar la formación de los hijos a los medios o en la escuela, olvidando que la primera responsabilidad educativa es del hogar. “No se puede culpar a los adolescentes. Si no les transmitimos valores, ¿de dónde van a sacar respuestas?”
Monetta sostiene que educar no es censurar, sino dialogar. “Cuando un joven se te acerca para hablar, ese es el momento. Hay que dejar todo y escucharlo. Puede parecer una pavada, pero para él es vital. Ese instante no vuelve.”
La enseñanza como legado
Con la mirada puesta en sus estudiantes, el profesor uruguayo abogó por una educación más humanista. “Yo aprendo más de mis alumnos que lo que ellos aprenden de mí”, confesó. “Tienen toda la información al alcance, pero ahora la clave es saber qué vale y qué construye.”
En ese sentido, destacó el papel de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías como aliados, no enemigos. “Las herramientas son útiles si las usamos con criterio. Lo importante es que los jóvenes participen activamente, que se sientan protagonistas de su aprendizaje.”
“No perder la esperanza”
Monetta dejó un mensaje inspirador para el nuevo año, “No perder la esperanza. El hombre que la pierde, se le cierran los caminos.”
Llamó a construir una sociedad más compasiva, menos quejosa y más comprometida con el bien común. “Todos tenemos algo para aportar. No lo haremos todo, pero debemos dejar lo mejor a quienes vienen detrás.”
Convencido de que la educación y la familia son los pilares de la salud mental, Monetta defiende una visión profundamente humana, enseñar a vivir, a dialogar y a valorar la vida en todas sus formas.
“Mientras haya vida, siempre hay esperanza.”
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