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La ciudad de Salto cuenta con un patrimonio urbano que no solo refleja su historia, sino también su potencial para proyectarse hacia el futuro. En ese sentido, la Plaza 33 Orientales se presenta como un espacio emblemático que, a lo largo del tiempo, ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Hoy, a partir del recuerdo de la fallecida ingeniera Roxana González, vuelve a cobrar fuerza una idea que merece ser reconsiderada: la renovación del proyecto de aguas danzantes como atractivo turístico y cultural de primer nivel.

A comienzos del siglo XX, la plaza fue objeto de una importante renovación que la convirtió en uno de los paseos más concurridos por los vecinos. Su diseño incluía elementos artísticos y simbólicos que enriquecían la experiencia de quienes la visitaban. Entre ellos, se destacaban las estatuas alegóricas de las cuatro estaciones, ubicadas estratégicamente en los cuatro puntos cardinales, otorgando equilibrio y armonía al conjunto. Sin embargo, en la década de 1970, estas esculturas fueron trasladadas a una misma galería, modificando la disposición original del espacio.

En ese mismo período, también se incorporaron bustos de los generales Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, figuras centrales de la Cruzada de los Treinta y Tres Orientales. Estas incorporaciones reforzaron el valor histórico de la plaza, convirtiéndola en un sitio de memoria y homenaje.

A pesar de los múltiples cambios, la escultura central logró mantenerse a lo largo del tiempo, aunque su entorno fue modificado en más de una ocasión. Cada intervención dejó su huella, reflejando distintas visiones urbanísticas y prioridades de gestión. Una de las transformaciones más significativas tuvo lugar durante la segunda administración del escribano Eduardo Malaquina, cuando se impulsaron mejoras que revitalizaron el espacio público.

Entre esas iniciativas, sobresalió la instalación de aguas danzantes frente a la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. Este proyecto, impulsado por la ingeniera Roxana González, representó un salto cualitativo en la concepción de la plaza como lugar de encuentro y espectáculo. Las aguas danzantes no solo aportaban dinamismo visual, sino que también generaban un punto de atracción que convocaba a familias, turistas y vecinos en general.

La experiencia internacional demuestra que las fuentes de aguas danzantes, especialmente cuando están acompañadas de una adecuada iluminación, constituyen un atractivo de gran impacto. Ciudades de todo el mundo han sabido capitalizar este recurso, integrándolo a sus espacios públicos y convirtiéndolo en un sello distintivo. No se trata únicamente de un elemento decorativo, sino de una propuesta que combina arte, tecnología y recreación.

En este contexto, resulta pertinente plantear la renovación del proyecto original concebido por la recordada ingeniera Roxana González. Recuperar y actualizar las aguas danzantes en la Plaza 33 Orientales no solo implicaría rendir homenaje a su legado profesional, sino también apostar por una iniciativa capaz de posicionar a Salto en el circuito turístico regional.

La plaza, con su rica historia y su ubicación estratégica, reúne las condiciones ideales para albergar un espectáculo de estas características. Una intervención bien planificada, que respete los valores patrimoniales del lugar y a la vez incorpore tecnología moderna, podría transformar el espacio en un punto de referencia tanto para residentes como para visitantes.

En tiempos donde las ciudades compiten por ofrecer experiencias únicas, apostar por proyectos que integren tradición e innovación resulta clave. La recuperación de las aguas danzantes en la Plaza 33 Orientales no es solo una cuestión estética, sino una oportunidad concreta para revitalizar el corazón de Salto y proyectarlo hacia el futuro con identidad y atractivo.

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