La sorpresiva crisis en el Partido Colorado /
Malaquina entre el aislamiento y la construcción colectiva
El anuncio del dirigente de la Lista 1 del Partido Colorado, Marcelo Malaquina, lejos de aclarar el panorama político departamental, ha profundizado interrogantes que van más allá de una simple decisión personal. Su autoidentificación como independiente no solo marca un quiebre con la Coalición Republicana, sino que también deja al descubierto una forma de hacer política que parece olvidar principios elementales: el diálogo, la negociación y la construcción colectiva.
En política, el aislamiento rara vez conduce a buen puerto. Por el contrario, suele derivar en la pérdida de incidencia y en una progresiva desconexión con la realidad que se pretende transformar. En un departamento como Salto, donde más de 50 mil ciudadanos apostaron por una alternativa de gestión a través de la Coalición Republicana, este tipo de decisiones no son neutras ni inocuas.
Cabe recordar que, tras el resultado electoral, el propio Malaquina optó por tomar distancia en un momento clave: la conformación del actual gobierno departamental. Aquella postura —que algunos interpretaron como un “todo o nada”— hoy parece encontrar continuidad en esta salida que, lejos de fortalecer su perfil, lo coloca en una posición de soledad política difícil de revertir.
No es casual que dirigentes de su propio entorno hayan reafirmado su compromiso con la Coalición Republicana. Allí permanece, el espacio donde se articulan esfuerzos para abordar los problemas reales de la gente: la seguridad, la creciente complejidad social, los más de 30 asentamientos en el cinturón de la ciudad, entre tantos otros desafíos urgentes.
El liderazgo político no se hereda ni se impone; se construye. Y esa construcción exige cintura, apertura y capacidad de diálogo, virtudes que históricamente han distinguido a quienes lograron trascender en la vida pública salteña. La política no es un ejercicio de voluntades individuales, sino un entramado de acuerdos, renuncias y objetivos compartidos.
En ese contexto, la decisión de Marcelo Malaquina no sorprende tanto por su contenido, sino por lo que revela: una elección consciente del camino más solitario. Y en política, ese suele ser el más corto hacia la irrelevancia.