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El consultor político y encuestador Nery Pinatto volvió a instalarse en la escena pública tras una serie de actividades en Salto que incluyeron una reunión con el intendente Carlos Albisu y la embajadora de El Salvador en Uruguay, Astrid Moreno López. El encuentro, que se extendió por casi dos horas, tuvo como eje el intercambio de experiencias y la posibilidad de generar vínculos de cooperación e inversión entre ambos territorios.

Pinatto, quien ofició de nexo para concretar la reunión, destacó que surgieron ideas “interesantes” vinculadas a inversiones y desarrollo económico. Según explicó, el vínculo con la diplomática salvadoreña se fue construyendo a partir de asesoramientos técnicos desde su consultora, con el objetivo de fortalecer relaciones comerciales que actualmente considera “mínimas” entre Uruguay y El Salvador.

El episodio también dejó en evidencia una de las principales influencias políticas del consultor, el presidente salvadoreño Nayib Bukele. Pinatto lo definió como un “héroe” regional, especialmente por su política de seguridad, y sostuvo que su gestión debería servir como ejemplo para Uruguay. En ese sentido, subrayó la drástica reducción de homicidios en el país centroamericano como prueba de que “el Estado, cuando quiere, puede controlar el crimen”.

Seguridad, educación y política, un diagnóstico crítico

Más allá del encuentro internacional, Pinatto centró su discurso en un diagnóstico severo de la realidad uruguaya. A su juicio, el país atraviesa un deterioro acelerado en áreas clave como la seguridad, la educación y la salud. En materia de seguridad, advirtió sobre el aumento sostenido de homicidios y robos, y describió un clima de temor generalizado. “La gente siente que no tiene derecho a vivir con normalidad”, al tiempo que relató experiencias personales de delitos sufridos por su familia. Según su visión, la falta de respuestas contundentes por parte del Estado evidencia una falla estructural en la conducción política.

En educación, apuntó contra el abandono escolar y cuestionó las políticas sociales que, según él, no incentivan la permanencia en el sistema educativo. También vinculó estos problemas con una “pérdida de valores” y con lo que considera una estrategia histórica de dependencia hacia el Estado. En cuanto al sistema de salud, criticó el funcionamiento del modelo actual y señaló demoras en la atención y altos niveles de déficit como síntomas de un esquema ineficiente.

El surgimiento del MOPU, de la opinión a la organización

En este contexto, Pinatto decidió dar un paso más allá de su rol como analista y comunicador, impulsando el Movimiento Popular Uruguayo (MOPU). Aunque aclaró que se trata inicialmente de un “movimiento de opinión” y no de un partido político, no descartó una eventual participación electoral en el futuro. El MOPU, que según el propio Pinatto ya cuenta con más de 50.000 adhesiones, será lanzado oficialmente en mayo en Montevideo. La iniciativa busca canalizar el descontento social y promover lo que define como una “batalla cultural” previa a cualquier transformación política. El consultor explicó que su objetivo inmediato es generar conciencia ciudadana sobre la necesidad de cambios profundos en el Estado. “Primero hay que cambiar la cabeza de la gente”, planteando que la transformación política solo será posible si existe una base social que la respalde.

Críticas a la clase política y al sistema democrático

Pinatto cuestionó tanto a partidos tradicionales como a nuevas fuerzas, a las que acusó de haber perdido identidad y de priorizar intereses económicos por sobre principios ideológicos. También denunció lo que considera una “profesionalización” de la política que la aleja de la ciudadanía. En ese sentido, criticó los altos salarios de los cargos públicos y la falta de requisitos formativos para acceder a posiciones de poder.

Además, planteó una visión particular sobre la democracia, en la que el ciudadano debería ejercer un control más activo sobre sus representantes. “El gobernante es un empleado de la gente”, afirmó, cuestionando la distancia que, a su entender, se ha generado entre la población y el Estado.

Pinatto se definió ideológicamente como “anarco-Batllista”, una combinación que, según explicó, implica no respetar la autoridad cuando esta no actúa en beneficio de la sociedad, pero al mismo tiempo reconocer la importancia de un Estado fuerte y eficiente.

Proyección política y desafíos

Aunque el MOPU aún no ha definido su participación electoral, Pinatto proyecta el año 2028 como un posible punto de inflexión. Para entonces, espera consolidar una base social lo suficientemente amplia como para dar el salto a la política partidaria. En su análisis, experiencias recientes como Cabildo Abierto o el movimiento Un Solo Uruguay ofrecen lecciones importantes. Mientras que el primero perdió apoyo tras diluir su identidad, el segundo quedó en la irrelevancia por no transformarse en fuerza política. El desafío, será mantener coherencia y construir una propuesta que logre canalizar el malestar social sin repetir los errores de otros espacios.

Entre la polémica y la construcción

Él mismo asegura ser objeto de censura en medios tradicionales debido a sus posiciones, mientras que su estilo directo y confrontativo genera adhesiones y rechazos. Sin embargo, su apuesta es capitalizar su visibilidad y experiencia en opinión pública para construir una plataforma que trascienda el análisis y se convierta en acción política. En un escenario marcado por el desencanto ciudadano y la fragmentación política, iniciativas como el MOPU buscan abrir nuevos espacios de discusión.

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