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En una entrevista en el Streaming de Diario La Prensa, el empresario y docente Gustavo Fernández analizó el escenario político nacional tras el discurso del presidente Yamandú Orsi ante la Asamblea General. Según el mandatario, su administración ha cumplido el 80% de lo prometido y el país se encuentra “bien encaminado”.

Fernández definió la intervención como “típicamente orsiista”, moderada, agradecida y sin confrontaciones directas. “No quedó mal con nadie. Planteó continuidad con procesos anteriores y evitó temas escabrosos”. El contraste regional, señaló, fue evidente. Mientras en Argentina el clima político aparece crispado bajo el liderazgo de Javier Milei, Uruguay mantiene una tradición de presidentes moderados, desde Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle Herrera hasta Tabaré Vázquez, José Mujica y Luis Lacalle Pou. “Acá no ganan los discursos refundacionales. El uruguayo es conservador, incluso el más humilde”.

Seguridad y cárceles, la urgencia estructural

Uno de los ejes centrales del mensaje presidencial fue la seguridad. Orsi anunció la construcción de dos cárceles de alta seguridad y planes especiales para zonas críticas de Montevideo como Cerro Norte.

Fernández reconoció que se trata de una preocupación ciudadana ineludible. “Montevideo está feo. Hay dos o tres muertes por día y se ha naturalizado”, advirtió. También mencionó episodios recientes en el interior que encendieron alarmas sobre modalidades delictivas antes poco frecuentes.

El problema carcelario, es estructural. Las cárceles del país presentan superpoblación crónica. Puso como ejemplo el Centro Penitenciario de Punta de Rieles, construido bajo modalidad de participación público-privada, con capacidad para 2.000 reclusos. Allí el Estado aporta el personal del Instituto Nacional de Rehabilitación, mientras un privado gestiona infraestructura y servicios como alimentación y limpieza.

Para Fernández, ese esquema podría replicarse. “En vez de invertir en otras cosas, hay que invertir en cárceles. No sé si de 300, 500 o 1.000 plazas, pero hay que ampliar infraestructura”, señaló, aunque reconoció que el trasfondo es el déficit fiscal persistente.

A la vez, destacó experiencias departamentales donde, pese a las carencias edilicias, se desarrollan programas educativos y de capacitación laboral para reclusos. “El trabajo educativo es clave si realmente queremos rehabilitación”.

Estado, gasto público y privilegios

Otro punto crítico del análisis fue el tamaño del Estado. Fernández cuestionó que Uruguay mantenga un déficit cercano a cuatro puntos del Producto Interno Bruto y una estructura que consideró sobredimensionada.

Apuntó también a los salarios y equipos de apoyo del Poder Legislativo, así como a determinadas pensiones graciables otorgadas por razones históricas. “Hay jubilados que trabajaron toda su vida y hoy cobran poco más de 20 mil pesos. Con eso no se vive”.

El debate previsional fue otro eje. Fernández defendió la extensión de la vida laboral en un contexto donde la expectativa de vida aumentó y muchas personas mayores de 60 años se encuentran en plenitud física y mental. “Es un lujo prescindir de alguien capacitado solo por la edad”, afirmó, subrayando además que el trabajo aporta propósito y calidad de vida.

Jóvenes, empleo y cultura del esfuerzo

La inserción laboral juvenil ocupó el tramo final de la entrevista. Fernández remarcó las dificultades que enfrentan jóvenes de entre 20 y 30 años para acceder a su primer empleo formal. Reivindicó el sistema de pasantías como herramienta de formación e integración, aunque admitió que está poco difundido.

“El aprendiz antes era algo normal. Hoy se perdió esa cultura”, reflexionó, aunque aclaró que existen marcos institucionales que permiten vincular estudio y trabajo. A su entender, el desafío es comunicar mejor esas oportunidades y fortalecer el vínculo entre empresas y centros educativos.

No obstante, también planteó una autocrítica generacional. “Hay una mentalidad de comodidad, de dejarse estar. Si no estás capacitado, hoy no existís”. En un mercado laboral cada vez más tecnificado, sostuvo, el trabajo puramente físico pierde espacio frente a perfiles formados y flexibles.

Moderación y cambios posibles

A lo largo de la conversación, Fernández volvió a la idea central, Uruguay avanza con cautela. La sociedad, dijo, no es proclive a transformaciones abruptas, pero tampoco tolera promesas incumplidas.

En ese equilibrio entre estabilidad y reforma, seguridad, gasto público y empleo juvenil aparecen como los grandes desafíos del actual gobierno. “La gente ya no se casa con nadie. Critica a todos por igual”.

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