Una escuela debería llamarse Esc. Eduardo Malaquina
- Por Leonardo Vinci
5 años después de su partida, ya es hora que el Parlamento de la República considere homenajear a la figura del Escribano Eduardo Malaquina, designando con su nombre la Escuela Nº 26 de Colonia Osimani. Proponer que esa Escuela lleve su nombre encierra un profundo simbolismo, ya que el propio Malaquina creció en ese entorno agrario junto a sus padres y cursó allí sus primeros años de infancia.
LA ESCUELA DE LA COLONIA OSIMANI
La Escuela N° 26, con una rica trayectoria arraigada en la comunidad rural y suburbana salteña, fue fundada originalmente el 8 de octubre de 1914 en la zona de Paso de la Laguna de Arapey, trasladándose posteriormente y estableciéndose de forma definitiva en la Colonia Osimani y Llerena, sobre la Avenida Saturnino Rives. Que la escuela de su infancia lleve su nombre es un reconocimiento entrañable y, al mismo tiempo, un faro de inspiración para que los niños de esa comunidad agraria y trabajadora sepan que es posible alcanzar un porvenir de enorme trascendencia para la sociedad.
ACTUACIÓN DE MALAQUINA
El compromiso del Esc. Malaquina con el departamento y con los altos intereses públicos se manifestó desde su juventud:
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En la década de 1960, representó a la Comuna en la comisión que logró el acuerdo definitivo para que las Termas del Daymán pasaran al patrimonio de la Intendencia de Salto.
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Fue Presidente de la Junta Departamental, órgano que durante su gestión adquirió su casa propia, destacándose además por donar la totalidad de sus gastos de representación a la Casa de Salto.
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Durante los años de quiebre institucional, siguiendo las enseñanzas de Prudencio Vázquez y Vega y en estricto respeto a su tesis doctoral, asumió una firme postura democrática, negándose a prestar concurso a los gobiernos de facto y bregando activamente por la reconquista de las libertades públicas.
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En 1980, formó parte del núcleo de ciudadanos que condujo a la resonante victoria del "NO" en el plebiscito constitucional.
Proclamado Intendente de Salto en los comicios de 1984, su gestión se caracterizó por una profunda sensibilidad social:
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Puso en marcha comedores populares para atender la emergencia social.
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En tan solo una semana, concretó las obras necesarias para inaugurar el primer Hogar Estudiantil liceal destinado a jóvenes del medio rural.
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Impulsó la creación del primer CAIF del Uruguay, marcando un hito en la protección a la infancia.
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Con una clara visión futurista, recuperó y potenció el pozo termal del Daymán, detonando un desarrollo turístico extraordinario.
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Tuvo el honor de recibir al Papa Juan Pablo II en un remozado aeropuerto internacional.
Nuevamente ungido Intendente en 1994 y reelecto en 1999, debió afrontar uno de los períodos más complejos de la crisis económica regional y nacional de finales de siglo e inicios de los dos mil. Lejos de paralizarse, su administración demostró un temple extraordinario:
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Impulsó la construcción de complejos habitacionales para dar solución definitiva a familias afectadas por inundaciones periódicas.
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Aseguró la llegada de inversiones estratégicas que permitieron inaugurar tres hoteles cinco estrellas (Los Naranjos, Horacio Quiroga y Barceló) y dos parques acuáticos (Acuamanía y Quiroga), posicionando a Salto a nivel internacional y generando genuinas fuentes de trabajo.
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Promovió el desarrollo cultural y educativo mediante la apertura de nuevos liceos, la concreción del moderno edificio de la Universidad de la República y la instalación del CERP para la formación docente en el departamento.
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Gestionó los primeros proyectos PIAI y logró la reapertura del frigorífico “La Caballada”, devolviendo la fuente laboral a centenares de operarios.
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Transformó el paisaje urbano con la renovación del centro de la ciudad, fuentes de agua danzantes, el Shopping Center y la Terminal de Ómnibus.