Dólar en baja /
Alivio para algunos y desafío para la economía uruguaya
La caída sostenida del tipo de cambio beneficia a consumidores y deudores, pero tensiona a los sectores exportadores y plantea dilemas de política económica. El dólar continúa su trayectoria descendente en la plaza local. El tipo de cambio interbancario promedio cerró ayer en $ 37,512, registrando su sexta baja consecutiva y alcanzando el nivel más bajo desde fines de marzo de 2024. Con una caída diaria de 0,90%, la moneda estadounidense confirma una tendencia que ya no puede considerarse coyuntural y que reabre el debate sobre sus impactos económicos y las eventuales respuestas del gobierno.
Factores globales influyen
Las razones de esta baja son, en buena medida, externas. Entre ellos la evolución de la economía estadounidense y un contexto financiero internacional más favorable a monedas emergentes, explican parte del fenómeno. A nivel interno, la estabilidad macroeconómica, la baja inflación y una política monetaria prudente también contribuyen a la apreciación del peso. La gran incógnita es hasta dónde puede llegar esta caída, qué efectos tendrá sobre la actividad y si el gobierno decidirá intervenir para amortiguar sus consecuencias.
¿Se mantendrá la oferta y la demanda o se intervendrá?
Si bien el tipo de cambio se define por la oferta y la demanda, el Estado cuenta con herramientas para incidir cuando considera que la estabilidad está en riesgo. En ese marco, trascendió que el Ministerio de Economía y Finanzas analiza posibles medidas, aunque hasta el momento no se han detallado públicamente. El desafío es encontrar un equilibrio entre preservar la desdolarización de la economía, sostener la baja inflación y evitar un deterioro de la competitividad.
Entre ganadores y perdedores
Como ocurre siempre, la baja del dólar genera ganadores y perdedores. Se benefician la mayoría de los asalariados que cobran en pesos, los consumidores y quienes tienen deudas en dólares, que ven alivianadas sus obligaciones. En la otra vereda se ubican el sector agropecuario y los exportadores en general, cuyos ingresos dependen en gran medida del valor del dólar. La situación resulta particularmente paradójica si se considera que 2025 fue un buen año en términos de producción y precios internacionales, con cifras récord en rubros como la carne y la soja. Sin embargo, la apreciación del peso y los elevados costos internos redujeron la rentabilidad a niveles menores a los esperados.
La economía se enfría…
El escenario actual “enfría” la economía. Reclamos históricos sobre el tipo de cambio y las tasas de interés han perdido fuerza, dado que la inflación estructural más baja permitió al Banco Central reducir las tasas en pesos a mínimos históricos. Aun así, reconocen que la combinación de precios internacionales menos favorables y un dólar débil ya se refleja en una caída acumulada de ingresos cercana a los diez puntos porcentuales en algunos sectores.
En parte todo depende de la recuperación de EE.UU.
Mirando a mediano plazo, no puede descartarse una reversión de la tendencia. El valor del dólar responde a múltiples factores y, más allá de la volatilidad de corto plazo, podrían aparecer estímulos para su revalorización, especialmente si prosperan medidas de política económica en Estados Unidos orientadas a fortalecer su moneda. En el plano nacional, mucho dependerá de las decisiones del Banco Central en un contexto de baja inflación, crecimiento moderado y presión sobre sectores clave. La respuesta adecuada exigirá sensibilidad, equilibrio y una visión estratégica que evite soluciones de corto aliento y apunte a sostener la competitividad sin sacrificar estabilidad.