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Un salteño en el corazón de la literatura

Horacio Silvestre Quiroga Forteza nació el 31 de diciembre de 1878 en Salto. Su origen salteño no es un accidente geográfico menor: es el punto de partida de una vida y una obra que, más allá de fronteras, marcaría profundamente la narrativa mundial del siglo XX.

Quiroga fue, ante todo, cuentista; es ampliamente reconocido como uno de los maestros del cuento moderno en lengua española. Su prosa se caracteriza por una intensa atmósfera naturalista y, en muchos casos, por la presencia ominosa de la naturaleza o la muerte como fuerzas implacables.

 

 

Infancia y primeras tragedias

La vida de Quiroga estuvo marcada por tragedias desde sus primeros meses. Su padre murió accidentalmente al dispararse con su propia escopeta cuando Horacio apenas tenía dos meses de vida, un hecho que presagiaría la densidad temática de sus futuros relatos. Más tarde, su padrastro se suicidó tras quedar paralítico, y varias pérdidas personales marcaron su existencia con un tono sombrío que resonará con fuerza en su obra.

Desde muy joven se interesó por múltiples disciplinas —desde la química hasta la fotografía— y también por la literatura. Tras completar sus estudios secundarios en Montevideo, Quiroga fundó la Revista del Salto, donde comenzó a publicar sus primeros textos, construyendo un puente entre su ciudad natal y sus aspiraciones literarias.

 

 

Paris y la búsqueda literaria

En 1900 emprendió un viaje a Europa: pasó un breve tiempo en París, donde entró en contacto con círculos literarios que ampliarían su visión estética y profesional. Sin embargo, su estancia en la capital francesa fue corta y, al regresar a Uruguay, se volcó de lleno a la literatura.

A su retorno, se integró en el ambiente literario de Montevideo, donde cofundó el grupo denominado Consistorio del Gay Saber, un cenáculo de jóvenes escritores interesados en las corrientes modernistas de la época. Esta etapa fue esencial para definir su voz literaria y para estrechar vínculos con colegas que, como él, buscaban renovar la literatura rioplatense.

 

 

La selva misionera y la afirmación del canon

Quizá uno de los capítulos más importantes de la vida de Quiroga fue su traslado a la provincia de Misiones en Argentina, donde la selva subtropical se convirtió en el escenario y el motor de gran parte de su narrativa. En ese entorno —poblado de ríos desbordados, animales salvajes y un ambiente implacable— encontró el leitmotiv que inspiraría muchos de sus cuentos más memorables.

Publicaciones como Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) consolidaron su reputación literaria. Allí se encuentran relatos emblemáticos como “El almohadón de plumas” y “A la deriva”, que muestran un simbolismo íntimo y brutal: los personajes se enfrentan a fuerzas tanto internas como externas, revelando el dominio de Quiroga sobre las tensiones psicológicas y naturales.

 

 

Obra y legado: de la tragedia personal al universo narrativo

La obra de Quiroga abarca más de dos décadas de intensa producción en la que abordó con maestría géneros como el cuento y la novela breve. Además de Cuentos de amor de locura y de muerte, otros títulos emblemáticos incluyen Cuentos de la selva, El salvaje y Los desterrados.

Su narrativa es reconocida por dos características centrales: un profundo realismo frente a la naturaleza y la muerte, y la capacidad de conducir al lector hacia los rincones más inquietantes de la condición humana. Esta aproximación ha sido comparada con la obra de Edgar Allan Poe, aunque Quiroga desarrolló un estilo propio profundamente influenciado por su entorno y experiencias vitales.

A diferencia de otros escritores de su generación, Quiroga no esquivó lo crudo: la naturaleza no aparece como un telón de fondo poético, sino como una fuerza ambivalente, capaz de crear y destruir. Este modo de narrar lo sitúa como un pionero del cuento moderno en lengua española, influyendo generaciones posteriores de escritores.

 

 

El final trágico y la consagración póstuma

La propia vida de Quiroga, teñida de tragedia, tuvo un desenlace dramático. Tras ser diagnosticado con cáncer en los últimos años de su vida, decidió poner fin a su existencia el 19 de febrero de 1937 en Buenos Aires, Argentina, ingiriendo cianuro.

Lejos de apagar su legado, esta muerte contribuyó a la mitificación de su figura, fijando su nombre en los anales de la literatura latinoamericana como uno de los narradores más originales e inolvidables del siglo XX.

 

 

Leonardo Garet: un salteño que mantiene viva la voz de Quiroga

Hoy, cuando los estudiosos de la obra de Quiroga examinan no sólo su narrativa sino también sus implicancias socioculturales, un nombre resuena con fuerza: Leonardo Garet. Como Quiroga, Garet es salteño de nacimiento y ha dedicado buena parte de su vida intelectual a estudiar, editar y prologar la obra del cuentista uruguayo. Nacido en Salto en 1949, Garet es poeta, narrador, crítico literario y profesor. Desde los años setenta ha publicado estudios sobre Quiroga y ha sido responsable de ediciones anotadas y compilaciones críticas —como Encuentro con Quiroga (1994) y Horacio Quiroga por uruguayos (1995)— que siguen siendo referencias obligadas para investigadores y lectores en general.

Su aporte no se limita a la edición de textos; Garet ha desarrollado una labor crítica que profundiza en los temas, el estilo y las influencias de Quiroga, posicionándolo como uno de los expertos contemporáneos más importantes en la materia. Muchos críticos consideran su trabajo decisivo para mantener viva la discusión sobre la obra quiroguiana en el siglo XXI.

Hoy Garet vive en Salto, donde continúa su labor literaria. Su trayectoria refuerza un vínculo simbólico entre dos salteños que, desde diferentes generaciones, proyectan la literatura uruguaya más allá de sus fronteras.

 

 

Un puente entre generaciones y geografías

La historia de Horacio Quiroga y la obra de Leonardo Garet muestran cómo Salto —una ciudad que muchos asocian más con paisajes que con letras— se ha convertido en un cruce de voces significativas para las letras rioplatenses. Uno, el narrador que transformó el cuento moderno con su prosa intensa y naturalista; el otro, el estudioso que ha preservado, analizado e interpretado esa obra para nuevas generaciones.

A más de un siglo del nacimiento de Quiroga, y varias décadas de la crítica de Garet, la literatura sigue encontrando en ellos dos motivos para pensar el arte de narrar: la vida, la muerte, la naturaleza y, sobre todo, la voz humana que se atreve a enfrentar lo desconocido con palabras.

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