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El pasado 29 de octubre se conmemoró el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha destinada a informar, sensibilizar y recordar la importancia de la prevención. Se trata de una enfermedad de gran impacto sanitario que, con controles adecuados y hábitos saludables, puede evitarse en muchos casos.

Más de seis millones de personas mueren cada año en el mundo a causa de un ACV y más del 80 % de esas muertes se registra en países de ingresos bajos. Las mujeres presentan, además, un riesgo de muerte a lo largo de su vida mayor que los hombres: una de cada cinco, frente a uno de cada seis.

Una realidad que preocupa en Uruguay

En nuestro país, el ACV representa un importante problema de salud pública: es la segunda causa de muerte en la población general, la primera causa de muerte en mujeres y una de las principales causas de discapacidad en adultos.

Entre los factores de riesgo se encuentran la hipertensión arterial, la fibrilación auricular y otras enfermedades cardíacas, el colesterol elevado y la diabetes. También inciden el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y el consumo excesivo de alcohol. Si bien estos factores aumentan las probabilidades de sufrir un ACV, también puede ocurrir en personas que no presentan factores de riesgo conocidos.

La prevención comienza con pequeños hábitos

Controlar periódicamente la presión arterial, consultar al cardiólogo ante palpitaciones o latidos irregulares, mantener una alimentación equilibrada y baja en sodio, realizar actividad física, evitar el tabaco y las drogas y cumplir con los tratamientos médicos son medidas fundamentales para reducir los riesgos.

Sin embargo, prevenir también significa conocer los síntomas y actuar rápidamente. La aparición repentina de dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, desviación de la boca, alteraciones de la visión o problemas de equilibrio requiere atención médica inmediata.

Ante la sospecha de un ACV, hay que llamar a una emergencia médica sin demora. El tiempo es determinante para el tratamiento y la recuperación.

La educación, la difusión y el acceso oportuno a la atención sanitaria son herramientas esenciales. Porque prevenir, reconocer las señales y actuar a tiempo puede salvar vidas y evitar discapacidades.

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