Elegir un camino /
La orientación vocacional como proceso de autoconocimiento y proyecto de vida
En un contexto donde la oferta educativa crece año tras año y el mercado laboral exige nuevas competencias, decidir qué estudiar o a qué dedicarse se ha convertido en uno de los mayores desafíos para adolescentes y jóvenes. Sin embargo, para la psicóloga Irene Iriñiz, especializada en psicología del trabajo y con una extensa trayectoria en educación, la respuesta no está en un simple test vocacional, sino en un proceso profundo de autoconocimiento y construcción del proyecto de vida.
Con 26 años de experiencia en UTU y una carrera vinculada tanto al ámbito educativo como al laboral, Iriñiz explica que su interés por la orientación vocacional surgió de una necesidad concreta de la comunidad. A lo largo de los años trabajó en programas de capacitación del Ministerio de Trabajo, en proyectos dirigidos a jóvenes y en talleres donde comprendió que existía una fuerte demanda por acompañar a las personas en la elección de su futuro.
Mucho más que un test
"Es un proceso". Generalmente comprende alrededor de seis encuentros, aunque la duración depende de cada persona. Durante las entrevistas se exploran intereses, habilidades, historia familiar, experiencias personales y las posibilidades reales de inserción laboral.
Cuando trabaja con adolescentes, incluso considera importante la participación de un adulto de referencia, ya que muchas veces las decisiones están atravesadas por historias familiares, expectativas o modelos heredados.
La orientación, explica, también implica enseñar a buscar información. Aunque los jóvenes viven hiperconectados, muchas veces desconocen dónde encontrar la oferta educativa disponible, cuáles son las instituciones que ofrecen determinadas carreras o qué oportunidades existen en el sistema público y privado.
"La información está, pero no siempre saben cómo acceder a ella".
Las habilidades sociales también cuentan
Para Iriñiz, el mercado laboral actual ya no demanda únicamente conocimientos técnicos. Las empresas también buscan personas con capacidad de comunicación, adaptación, trabajo en equipo y habilidades sociales.
En ese sentido, observa con preocupación algunos cambios generacionales vinculados al uso de la tecnología.
La construcción de vínculos entre adolescentes ha cambiado significativamente. Antes, recuerda, eran los propios grupos de amigos quienes señalaban las fortalezas de cada integrante: quién tenía facilidad para las matemáticas, quién era buen comunicador o quién poseía condiciones de liderazgo. Hoy, esas conversaciones son cada vez menos frecuentes.
"La amistad también ayudaba a descubrir la vocación". Considera que el exceso de interacción virtual ha reducido esos espacios de intercambio espontáneo donde muchas veces una persona comenzaba a reconocer sus talentos gracias a la mirada de los demás.
La presión familiar y el miedo a equivocarse
Otro de los factores que aparecen con frecuencia durante los procesos de orientación es la presión que ejercen las familias. Reconoce que muchos padres manifiestan ansiedad por conocer qué carrera elegirán sus hijos, también observa que, en numerosas ocasiones, los propios adolescentes terminan absorbiendo esa preocupación.
"No me animo a decir que todavía no estoy preparado para decidir", es una frase que ha escuchado repetidamente durante las entrevistas individuales.
Por eso, considera fundamental trabajar también con las familias y transmitir que no siempre es necesario tomar una decisión definitiva a edades tan tempranas.
A ello se suma otro temor muy presente entre los jóvenes, el miedo a equivocarse.
Para Iriñiz, elegir una carrera nunca debería vivirse como una condena irreversible. Al contrario, sostiene que conocer una profesión, cambiar de rumbo o descubrir nuevos intereses forma parte del crecimiento personal.
Incluso recuerda su propia experiencia. Cuando eligió Psicología también dudó entre varias profesiones, algunas de las cuales hoy siguen presentes en su actividad laboral desde otras perspectivas.
Cada historia requiere un tiempo distinto
La psicóloga destaca que ningún proceso de orientación es igual a otro. En algunos casos, antes de pensar en el futuro es necesario resolver situaciones personales que ocupan emocionalmente a la persona.
Ha acompañado adolescentes que atravesaban duelos, separaciones familiares o pérdidas importantes. En esos casos, explica, la prioridad no es decidir una carrera, sino elaborar primero ese momento de vida. "Si la persona está completamente tomada por un duelo, difícilmente pueda pensar con claridad en su proyecto futuro".
Por eso insiste en que la orientación vocacional debe respetar los tiempos individuales y adaptarse a las necesidades emocionales de cada consultante.
Escuchar para descubrir el verdadero camino
Entre las numerosas experiencias acumuladas durante décadas de trabajo, Iriñiz recuerda especialmente dos situaciones.
La primera corresponde a adolescentes que, gracias al proceso de orientación, lograron definir entre distintas opciones de bachillerato o carrera y posteriormente regresaron para contar que habían encontrado satisfacción en el camino elegido.
La segunda ocurrió durante un proceso de selección de personal para un cargo administrativo. Mientras entrevistaba a una postulante, percibió un fuerte perfil creativo e innovador que poco tenía que ver con el puesto ofrecido.
Días después, la candidata volvió a comunicarse con ella para agradecerle la conversación. Había decidido abandonar el proceso de selección y retomar un emprendimiento vinculado con su verdadera vocación.
Para la psicóloga, ese episodio confirmó que la escucha profesional puede abrir puertas.
"La escucha psicológica va mucho más allá del ámbito laboral o educativo. Se trata de comprender qué le está pasando a la persona hoy y cómo quiere proyectarse hacia el futuro".
Dudar también es parte del camino
Irene Iriñiz dejó un mensaje especialmente dirigido a quienes aún no saben qué estudiar. Lejos de considerar la duda como un problema, la define como una oportunidad. "Dudar es parte del ser humano". Esa incertidumbre impulsa a seguir buscando, explorando y aprendiendo. Además, recuerda que nunca es tarde para comenzar una nueva formación y que muchas personas inician carreras universitarias siendo adultas.
Más que hablar de errores, prefiere hablar de aprendizajes y nuevos caminos.