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Si hay una fruta que representa al invierno, esa es la naranja. Presente en hogares de todo el mundo, alcanza en esta época su mejor momento en sabor, jugosidad y calidad. Proveniente del naranjo dulce del género Citrus, no solo destaca por su frescura, sino también por su asociación popular con el alivio de resfriados. Si bien no existen pruebas concluyentes de que cure catarros, sí hay evidencia de que la vitamina C puede acortar la duración del resfriado en ciertos grupos, como deportistas expuestos al frío.

Valor nutricional, ligera y poderosa

La naranja es una fruta con bajo aporte calórico, debido a su alto contenido de agua. Sin embargo, su riqueza nutricional es notable. Su principal componente es la vitamina C, fundamental para la formación de colágeno, clave en tejidos como huesos y dientes, y para mejorar la absorción de hierro en el organismo.

Además, es rica en fibra, especialmente insoluble, lo que la convierte en una gran aliada para la salud digestiva. Esta fibra ayuda a regular el tránsito intestinal, prevenir el estreñimiento y controlar los niveles de glucosa en sangre. También contribuye a generar sensación de saciedad, siendo ideal para quienes siguen dietas equilibradas o hipocalóricas.

A esto se suman minerales como potasio y calcio, antioxidantes y ácido fólico, que en conjunto fortalecen el organismo y contribuyen al bienestar general.

La vitamina C y su sensibilidad

Existe una creencia popular muy extendida: que el jugo de naranja pierde rápidamente sus propiedades. Aunque la vitamina C no desaparece de inmediato, sí es sensible a factores como la luz, el aire y el calor. Esto significa que puede oxidarse con el tiempo y reducir su eficacia antioxidante.

Por ello, se recomienda consumir el jugo recién exprimido o la fruta recién cortada. De esta manera, se aprovechan al máximo sus nutrientes y beneficios.

Beneficios clave para la salud

El consumo regular de naranja aporta múltiples beneficios. Su acción antioxidante protege las células frente al daño de los radicales libres, ayudando a prevenir enfermedades y retrasar el envejecimiento celular.

En el plano cardiovascular, contribuye a reducir la oxidación del colesterol LDL (conocido como “colesterol malo”), evitando su acumulación en las arterias y disminuyendo el riesgo de aterosclerosis. Además, sus flavonoides fortalecen los vasos sanguíneos, mejoran la circulación y tienen un efecto antitrombótico.

También resulta útil para prevenir el estreñimiento gracias a su contenido de fibra, y es un complemento ideal en casos de anemia ferropénica. Al combinarla con alimentos ricos en hierro, la vitamina C mejora su absorción, favoreciendo una recuperación más rápida.

Un aliado dentro de hábitos saludables

Aunque sus beneficios son numerosos, la naranja no actúa de forma aislada. Su impacto positivo en la salud depende de su inclusión dentro de una alimentación equilibrada y un estilo de vida activo. En invierno, incorporarla a la dieta diaria no solo aporta sabor, sino también una dosis natural de cuidado para el organismo.

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