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El pasado martes 5 de mayo se realizó el segundo encuentro de “Ser Mujer” en el Restaurant Don Diego, una jornada que reunió a mujeres en un espacio de intercambio, reflexión y bienestar.

En esta oportunidad, la actividad contó con una charla a cargo de la psicóloga y psicoterapeuta Adriana Echeverriborda, quien abordó temas vinculados a la salud mental materna, los mandatos sociales, los vínculos familiares y el rol de la mujer en la sociedad actual. Además, las asistentes participaron de un espacio de experiencia consciente pensado para promover el autocuidado y la conexión personal.

Durante la velada, las presentes disfrutaron de una exquisita cena preparada por la casa, acompañada de postre, en un ambiente cálido y de encuentro.

La noche también incluyó sorteos y obsequios gracias al apoyo de los sponsors que acompañaron la propuesta e hicieron posible el evento.

A continuación, compartimos parte de la charla brindada por Adriana Echeverriborda durante el encuentro.

Salud mental materna, el desafío de romper los mandatos y construir vínculos más sanos

Cada primer miércoles de mayo se conmemora a nivel mundial una jornada dedicada a la promoción de la salud mental materna, una iniciativa que busca visibilizar los desafíos emocionales que atraviesan muchas mujeres durante el embarazo y el puerperio. La fecha, impulsada originalmente en Estados Unidos en 2016 y promovida fuertemente por Australia, pone el foco en una problemática que durante décadas permaneció silenciada: la depresión posparto y el impacto de los mandatos sociales sobre la maternidad.

Durante una charla abierta sobre el tema, la psicóloga y conferencista Adriana quien compartió experiencias personales y reflexiones clínicas remarcó que “una de cada cinco mujeres puérperas sufre depresión posparto”, una cifra que evidencia la necesidad de fortalecer las políticas de prevención y acompañamiento emocional.

La maternidad idealizada y el peso de los mandatos

En la oportunidad recordó su experiencia como madre primeriza en Australia hace casi cuatro décadas. Allí, ya existían grupos de prevención de depresión posparto y campañas públicas de apoyo psicológico para mujeres embarazadas, algo que en aquel momento resultaba poco habitual en otros países.

“Muchas veces se instala la idea de que toda mujer debe ser madre y que la maternidad necesariamente tiene que ser feliz”. Sin embargo, advirtió que la realidad emocional puede ser mucho más compleja, “Hay mujeres que sienten miedo, rechazo o desconexión con el bebé, y eso genera culpa porque socialmente se espera otra cosa”.

La reflexión apuntó directamente a los mandatos culturales construidos históricamente alrededor del rol femenino. “Nos dijeron que había que estudiar, casarse, tener hijos y formar una familia. Todo el tiempo aparece el ‘¿para cuándo el bebé?’, como si la maternidad fuera una obligación”.

En ese sentido, defendió la posibilidad de elegir libremente no ser madre. “Decidir no tener hijos puede ser uno de los actos de amor y conciencia más grandes”, destacando que cada vez más mujeres cuestionan las imposiciones tradicionales y priorizan proyectos personales o vínculos de pareja distintos al modelo familiar clásico.

La salud mental también atraviesa lo económico y lo cultural

Uno de los ejes centrales de la charla fue la necesidad de comprender a las personas desde una perspectiva integral. “Somos seres biopsicosociales, pero también culturales, económicos y religiosos”, sostuvo Adriana, al explicar que las emociones y la salud mental no pueden analizarse de forma aislada.

Según indicó, factores como las dificultades económicas, las creencias religiosas o las expectativas familiares influyen directamente en el bienestar psicológico. “No somos iguales cuando estamos llenos de preocupaciones económicas que cuando tenemos estabilidad”.

También recordó que durante generaciones el embarazo estuvo asociado al miedo. “Hace 40 o 50 años era mucho más frecuente que las mujeres murieran durante el parto. Aunque hoy las condiciones médicas sean otras, ese temor quedó instalado en el inconsciente colectivo”, explicó, citando conceptos del psicólogo Carl Gustav Jung sobre los arquetipos y las memorias culturales heredadas.

La pareja, los hijos y las crisis familiares

Otro de los temas abordados fue el impacto que la llegada de un hijo puede tener en las relaciones de pareja. Adriana relató un estudio presentado por un investigador mexicano sobre la cantidad de parejas que se separan después de convertirse en padres.

“A veces se cree que un hijo va a salvar una relación que ya está deteriorada, y eso es un enorme error”, advirtió. Según explicó, cuando un niño llega en medio de conflictos previos, puede terminar ocupando un lugar de tensión emocional dentro de la familia.

Insistió en la importancia de construir vínculos saludables antes de asumir la crianza. “Una pareja deja de ser solo de dos cuando llega un hijo, y eso exige madurez emocional y capacidad de adaptación”.

“Las mujeres somos fuertes”

Adriana cuestionó ciertas ideas que históricamente colocaron a la mujer en un lugar de fragilidad o dependencia. “Nos hicieron creer que no somos suficientemente fuertes y que necesitamos que alguien nos salve”.

Por el contrario, destacó la capacidad femenina para generar cambios sociales profundos a través de la educación y la crianza. “Las mujeres tienen un enorme poder para formar hombres emocionalmente sanos y construir sociedades distintas”.

La profesional también vinculó la violencia de género con los modelos familiares aprendidos durante la infancia. “Los hijos observan cómo se relacionan sus padres. Si un niño crece viendo violencia o desvalorización hacia la madre, eso deja marcas profundas”.

En ese contexto, pidió revisar los modelos tradicionales que romantizan automáticamente el vínculo materno-filial. “No todas las relaciones familiares son sanas. Hay madres amorosas y también madres dañinas. Tenemos que dejar de idealizar ciertos vínculos solo porque son familiares”.

La importancia del autocuidado y el “mimate”

Durante el intercambio con el público, surgió además una reflexión sobre el autocuidado y el bienestar emocional cotidiano. Frente a la clásica recomendación de “cuidate”, Adriana propuso reemplazar esa expresión por otra, “mimate”.

“El ‘cuidate’ muchas veces implica que hay un peligro acechando. En cambio, ‘mimate’ habla de tratarse con amor, con conciencia y con respeto hacia uno mismo”, explicó.

La idea fue aplicada tanto a la alimentación como a los vínculos personales y las emociones. “Cuando una persona se trata bien a sí misma, empieza a tomar decisiones más saludables desde el deseo y no desde el miedo”.

Un cambio cultural pendiente

Realizó una invitación a repensar los vínculos familiares, las exigencias sociales y la manera en que se acompaña emocionalmente a las mujeres durante la maternidad.

La salud mental materna, coincidieron los participantes, ya no puede ser un tema secundario. La prevención, la escucha y el acceso a redes de apoyo aparecen hoy como herramientas fundamentales para evitar el sufrimiento silencioso de miles de mujeres.

“Es tiempo de que las mujeres reconozcan su valor y puedan elegir libremente cómo quieren vivir”.

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