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LA PRENSA Streaming en charla con Sergio González, aquel defensa del equipo del “Asilo”, recordó los logros de River Plate en la década del 70, logrando tres títulos Salteños y recordadas finales con Ferro Carril, que llenaban el Estadio Ernesto Dickinson. El último título del equipo del “Asilo” fue en 1978 y hasta ahora no volvió a levantar el trofeo. River a lo largo de sus más de 100 años en la Liga Salteña de Futbol, levanto seis veces el la Copa de mejor, a saber: 1931, 1946, 1952, 1974, 1976 y 1978.

Las grandes historias del deporte no se construyen solamente con títulos y resultados. También viven en los recuerdos de sus protagonistas, en las enseñanzas de los entrenadores y en las emociones que permanecen intactas con el paso del tiempo. Sergio González, exfutbolista, maestro y entrenador, es uno de esos protagonistas cuya trayectoria permite recorrer una etapa inolvidable del fútbol salteño.

González repasó su vínculo con River Plate, las campañas que convirtieron al equipo en uno de los grandes protagonistas de la década de 1970 y las finales frente a Ferro Carril que convocaban a multitudes. A sus 78 años, conserva en la memoria los nombres, las jugadas y las anécdotas de una época en la que el fútbol era una pasión compartida por toda la comunidad.

UNA PASIÓN DE FAMILIA

El vínculo de Sergio González con River Plate no nació únicamente de su carrera deportiva. Según recordó durante la conversación, el club formaba parte de su historia familiar, en una época en la que las camisetas y los colores se heredaban de generación en generación.

Su relato transmite el sentido de pertenencia que caracterizaba a aquellos futbolistas. Jugar en River significaba compartir mucho más que un equipo: implicaba construir amistades, aprender de los compañeros y desarrollar una comprensión del juego que se fortalecía con los años de convivencia dentro de la cancha.

González recordó especialmente al golero Carlos Sagradini, con quien compartió experiencias y aprendizajes fundamentales para su desempeño como zaguero. La coordinación entre ambos era tan estrecha que podían anticipar las decisiones del rival y cubrirse mutuamente cuando la jugada lo exigía.

En una de sus anécdotas, explicó cómo, ante la llegada de un puntero rival, los movimientos defensivos estaban tan coordinados que su compañero podía intervenir para impedir el centro mientras él se ubicaba para proteger el arco. Eran acciones que surgían de la confianza y del conocimiento mutuo, cualidades que consideraba esenciales para el funcionamiento colectivo.

LA VISIÓN TÁCTICA

Al recordar el River Plate de aquella década, destacó especialmente la conducción de Basilicio da Silva, a quien atribuyó una gran capacidad para interpretar el juego y encontrar soluciones tácticas innovadoras.

Uno de sus mayores aciertos, según explicó, fue incorporar a del “Piojo” Arralde, como delantero de punta. Que como jugador de básquetbol le aportaba características particulares que el entrenador supo aprovechar. En lugar de desempeñarse como un delantero centro tradicional, Arralde tendía a desplazarse hacia los costados, generando espacios para que otros compañeros ingresaran al área.

Ese movimiento permitía que Pedro Quiñones aprovechara las oportunidades de gol, especialmente mediante el juego aéreo. La combinación entre los desplazamientos de Arralde, la calidad de los pasadores y la capacidad de definición de Quiñones se convirtió en una de las claves ofensivas del equipo.

También destacó a Manuel Alves, Luis «Chirlo» Gómez, el «Cabeza» Rodríguez y Elbio Hernández, entre otros jugadores que aportaban distintas virtudes a aquel once que se conocía de memoria.

Para el exfutbolista, aquel River representaba un equipo inteligente, capaz de hacer circular la pelota y aprovechar las características individuales en beneficio del colectivo.

La conducción técnica no se limitaba a elegir buenos jugadores. También consistía en comprender sus posibilidades, ubicarlos en posiciones adecuadas y desarrollar un sistema que potenciara sus virtudes.

LAS FINALES CON FERRO CARRIL

Entre los recuerdos más intensos aparecen las finales frente a Ferro Carril, encuentros que marcaron profundamente la memoria deportiva de aquellos años.

El entrevistado recordó que aquellos partidos reunían multitudes y despertaban una expectativa extraordinaria. Las tribunas se llenaban incluso cuando las condiciones climáticas eran adversas. La lluvia no impedía que los aficionados acompañaran a sus equipos, en una demostración de pasión que hoy sigue siendo referencia para quienes vivieron aquellos años.

Recordó particularmente la definición de 1977 y las dificultades que implicaba jugar en canchas embarradas. Lejos de considerar el barro un obstáculo insuperable, explicó que sus experiencias en terrenos difíciles durante su juventud le habían permitido desarrollar recursos para desenvolverse en esas condiciones.

También reconoció la calidad de los futbolistas de Ferro Carril. En su relato aparecen nombres como Walter Finozzi cuya habilidad para aprovechar los espacios y las características del terreno representaba un desafío para cualquier defensa.

Precisamente por eso, aquellas finales adquirieron un lugar tan especial en la historia del fútbol salteño.

UN ELOGIO PATERNO

Entre las numerosas anécdotas de su carrera, González compartió una que conserva un significado íntimo.

Después de una de aquellas finales, su padre lo esperó en el vestuario y le dijo que había sido el mejor jugador de la cancha.

La frase tuvo un valor especial porque, según explicó, no era habitual que su padre lo elogiara directamente por su desempeño futbolístico. En su casa podían conversar sobre los partidos, pero aquel reconocimiento fue excepcional.

Décadas después, el recuerdo continúa vivo.

LA SELECCIÓN

En a trayectoria de Sergio González también estuvo vinculada a la selección de Salto. Durante la entrevista recordó sus convocatorias y su participación en el fútbol del litoral, aunque señaló que el básquetbol también ocupaba un lugar importante entre sus actividades deportivas.

Sus recuerdos se extendieron además a las experiencias de su entorno familiar y a las oportunidades que tuvo de conocer de cerca el fútbol de Montevideo. Entre ellas mencionó visitas a partidos, entrenamientos y encuentros con figuras vinculadas a distintos clubes uruguayos.

Esas vivencias ampliaron su perspectiva sobre el deporte y le permitieron observar otras formas de preparación y competencia. La conversación también recuperó historias relacionadas con su tío Pedro, arquero que tuvo experiencias en equipos del fútbol capitalino, incluido Nacional.

LAS NUEVAS GENERACIONES

Además de su etapa como futbolista, desarrolló una trayectoria como entrenador. Incluso recordó su paso por River desde ese lugar, una experiencia que le permitió continuar vinculado al club y transmitir sus conocimientos a otros jugadores.

En el tramo final de la entrevista, la conversación se proyectó hacia las nuevas generaciones y el trabajo de quienes siguen apostando al desarrollo deportivo en Salto. Para González, el recorrido de los jóvenes y la continuidad de los vínculos entre compañeros y familias forman parte de una historia que nunca se detiene.

Su testimonio deja una enseñanza que supera los límites de una camiseta. El fútbol se construye con talento, estrategia y esfuerzo, pero también con compañerismo, respeto y memoria.

A varias décadas de aquellas finales, los recuerdos de Sergio González siguen despertando interés entre los aficionados que vivieron esa época. Para Sergio González, el River Plate de los años setenta pertenece, a una etapa de gloria que sigue viva en las historias de quienes tuvieron el privilegio de jugarla.

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