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Lo que va de ayer a hoy. Si hoy entramos a un comercio cualquiera de Salto, almacén, mercadito o supermercado nos vamos a encontrar con un sinfín de marcas de galletitas que llenan los ojos. Las hay dulces y saladas, con y sin sal, con más o menos azúcar, o "sin azúcar agregada" y ni hablar si tienen chocolate, o chispas de chocolate.

 

Lo que habla a las claras de una variedad que apabulla, con vainilla, naranja, con avena, o sea, no nos darían cien líneas más para describir el variopinto que tenemos antes nuestros gustos. Pero eso es ahora, en este tiempo moderno y dinámico de la economía mundial. Hace unas décadas había solo galletitas María, las clásicas, luego apreció Anselmi y El Maestro Cubano.

 

Pero también había, vale el recuerdo, galletitas sueltas que se vendían en almacenes y carnicerías, que eran cajas de lata con un vidrio que hacía de ventana para ver el producto y de allí salían doscientos gramos, cuarto quilo en papel de estraza que con una habilidad sorprendente el comerciante depositaba el producto dentro y lo giraba hacia arriba haciendo dos orejitas que lo cerraban cual paquetito hecho por una máquina. Qué tiempos aquellos.

 

 

Funcionarios de décadas de trabajo de la Intendencia de Salto están accediendo a los beneficios jubilatorios. Es gente de toda una vida, algunos que entraron en épocas del primer gobierno del escribano Eduardo Malaquina, gente que hizo carrera, grados, y hoy se va para su casa con la tranquilidad del deber cumplido.

 

Se ven en redes sociales despedidas de algunos de ellos con compañeros con los que trazaron amistad y fueron generando lazos a base de apoyos en las distintas tareas. Esto también es un desafío para la actual administración pues si bien nadie es imprescindible hay funcionarios que cierran los ojos y saben todo de los vehículos de un sector o de los talleres, o de los expdientes. No será fácil reemplazarlos pero para eso está la preparación constante de los compañeros que fueron aprendiendo con los que hoy dan un paso al costado.

 

En algunos lugares se está vendiendo el quilo de asado de vacío a más de siescientos pesos lo que no deja de llamar la atención; aún asumiendo que la carne tiene un precio de aquellos en los últimos tiempos. Pero de todas maneras que por un poco más de dos quilos de esa pulpa haya que oblar mil trescientos pesos ya es decir, pero parece que la carne seguirá siendo algo complejo de alcanzar en la mesa de los uruguayos pues con estas cotizaciones mucho pollo para la parrilla.

 

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