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"Un mundo." Así define una funcionaria que pasó por un red de pagos de Salto donde dice que se ve lo mejor y lo peor del ser humano, seguramente por ser un lugar donde se maneja (y mucho), dinero. Dice que por ejemplo hay gente, que pensando mal lo hace por gusto, paga en forma rebuscada y puede complicar al cajero que si le falta luego sufre el descuento en su salario. Por caso se pagan varias cosas con dólares una parte, con dinero en efectivo otra, con tarjeta otra parte lo que obliga a un esfuerzo mayor del cajero pues debe ordenar todo eso y no es fácil.

Comenta también que hay gente impecable que ha vuelto para devolver dinero, de a mil pesos diciendo que "esto no me pertenece, me diste demás" lo que hay que valorar. Pasa con los billetes nuevos que emite el Banco Central y que llegan que parecen pegaditos lo que dificulta la tarea, sobre todo cuando hay cola y la gente se impacienta por hacer su trámite, sobre todo si es de cobrar. Se puede dar el caso de personas que esperan un giro que no llega, porque no se hizo, y muestran su mal humor al funcionario que, obviamente, no tiene nada que ver.

 

Nos aporta que normalmente hay buenos grupos humanos de trabajadores que se apoyan y respaldan lo que es bueno porque a veces se generan situaciones de nervios y tensión por los mil motivos que transferencias, dineros, pagos, facturas y recibos generan. A lo que se agrega el día de cobro de jubilaciones donde los abuelos van con un estrés importante. Y donde algunos en vez de cobrar terminan canjeando el dinero de la pasividad pagando créditos, consumos, tarjetas, facturas, cable y de todo por lo que a la larga hacen un trámite administrativo donde ni cobran.

 

A partir de la tormenta del pasado 18 de julio en la madrugada, que tantas repercusiones tuvo, se ven en muchos lugares podas de todo tipo, a veces troncos gruesos de añejos árboles que sufrieron los efectos del viento a casi ciento treinta quilómetros por hora. A veces vecinos mismos munidos de motosierras se ocupan de aprovechar esto para las estufas y parrillas y alivian el trabajo de la gente de Servicios Públicos de la Intendencia pues a la larga les bajan el volumen a levantar.

 

De todas formas es un detalle frente a la locura de la pérdida de viviendas, trabajo, techos, invernáculos, talleres y, no olvidemos lo peor, la vida de una trabajadora que se desplazaba en moto y tuvo la enorme desgracia de que material suelto impactara en su cabeza.

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