Cardama y caradama, y dale que cardama...
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Por Pedro Rodríguez
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Mirá, esto es cortito y al pie, como se habla en el barrio. Pasó más de un año de gobierno y la verdad, la cosa no cambió como nos vendieron. Mucho discurso, mucha promesa, pero en la diaria el que sigue remando es el mismo de siempre. Nos hablaron de la gente, del laburante, de que el sueldo no alcanzaba, de la canasta, de la justicia, y ahora que están arriba, todo sigue igual o peor. Vas al súper y dejás medio sueldo, la nafta sube como si nada, y el bolsillo cada vez más flaco. No hay magia.
Y lo que más bronca da no es solo eso, es que antes criticaban todo. Todo estaba mal. Ahora agarraron la lapicera y meten firma sin drama. Y no son medidas suaves, son de esas que te pegan de una. Ajuste derecho, sin mirar mucho a quién le duele más. Porque seamos claros, esto no parece muy de izquierda. Es más de apretar números, de cerrar cuentas, de que dé la calculadora. Y el que queda en el medio es el de siempre, el que se levanta temprano, el que labura todo el día y llega justo a fin de mes.
El tema del FONASA es clarito: antes alguno ligaba una devolución que ayudaba. Ahora olvidate. Más descuento, menos plata. Y los jubilados… mamita, les dan dos mangos que no alcanzan ni pa’ empezar el mes. Es como tirarle un vaso de agua a un incendio. Y mientras tanto, hay laburos que se pierden. Comercios que cierran, empresas que no aguantan más. Eso en el barrio se ve, no hace falta que te lo expliquen. Donde había movimiento, ahora hay persianas bajas. Y atrás hay gente complicada, familias enteras.
Pero eso sí, ruido hay. Cardama por todos lados, dale que cacardama en la tele, en la radio, en las redes. Se habla de eso todo el día, pero lo importante sigue sin resolverse. Es como distraer mientras el problema sigue ahí, clavado. Y otra cosa, cada vez hay menos gente que pregunte, que critique. Muchos que antes estaban del otro lado ahora están en el gobierno. Y así es fácil, porque nadie te discute nada. Pero eso no ayuda, al contrario.
Después tiran ideas raras, que no tienen mucho sentido. Como eso de obligar médicos a trabajar gratis un tiempo. ¿Quién aguanta así? Parece joda. El que vive en el barrio sabe que así no se arregla nada. Y ni hablemos de algunos sueldos del Estado, cifras que no tienen nada que ver con la realidad de la gente. Mientras uno cuenta monedas pa’ cargar la tarjeta o hacer la olla, del otro lado hay números que te dejan de cara.
Entonces uno se pregunta, en la esquina, en la parada, tomando un mate o un refresco: ¿no era que esto iba a ser distinto? Porque la gente no vive del discurso. Vive de lo que tiene en el bolsillo, de si puede pagar las cuentas, de si llega o no llega. Y hoy, la mayoría está llegando como puede.
La cosa está dura. Se labura, se mete esfuerzo, pero no alcanza. Y cuando lo que te prometieron no aparece, la confianza se empieza a caer. Así de simple, no alcanza con hablar lindo. Hay que cumplir. Porque si no, en el barrio ya se dice sin vueltas, mintieron. Y acá nadie es bobo.