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El tren pasa una sola vez, dijo Tabaré Vázquez disertando ante un foro de empresarios, lo que despertó el entusiasmo de los presentes quienes aplaudieron de pie al Presidente. Vázquez se refería al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos: estaba pronto para firmarse y era la oportunidad histórica de acceder al mercado más grande del mundo, meta tan ansiada por la mayoría de los países, incluso los más poderosos. La propuesta estaba alineada con la visión de la entonces oposición —el Partido Nacional y el Partido Colorado— que acompañaban al Presidente. También lo respaldaban su Ministro de Economía, Danilo Astori, y el Ministro de Industria, Jorge Lepra, quienes se encontraban en el evento y aplaudieron de pie la idea.

En primera fila estaba el Canciller de la época, Gargano, quien no aplaudió y, a la salida del evento, declaró parafraseando al Presidente: “A veces hay que correrse de la vía, porque si no, el tren te pasa por arriba”. Ganó la pulseada Gargano y con ello se enterró el proyecto de Vázquez, así como, en parte, el futuro de los uruguayos.

En la administración pasada, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, encabezado por Luis Falero, presentó una propuesta para instalar un tranvía que uniría el centro de Montevideo con El Pinar. El tranvía constituye un medio de transporte masivo, regular y con gran capacidad de traslado de pasajeros, lo que descongestiona el tránsito vehicular. Al operar sobre rieles dedicados, reduce tiempos de traslado y mejora la previsibilidad frente al transporte en ómnibus. Frente al uso de buses tradicionales a combustión, el tranvía es más sostenible.

Reduce significativamente las emisiones de CO₂ y la contaminación sonora, contribuyendo a una ciudad más limpia y habitable. El ahorro de millones de litros de combustible fósil es una ventaja tanto económica como ecológica. Finalmente, era un atractivo turístico para la hermosa Montevideo tan venida a menos. El proyecto fue boicoteado por la entonces Intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, y por el “asesor honorario” del Frente Amplio, Juan Salgado. La primera se opuso por motivos ideológicos y de oportunismo político (la idea provenía del Partido Nacional),  el segundo, por un interés económico directo: se reducía la recaudación de su empresa. El proyecto quedó enterrado y, en su lugar, como parte de las estrategias para promover la movilidad en bicicleta, se construyó la ciclovía de 18 de Julio. En el nuevo gobierno del Frente Amplio, según informó el diario El País, se optó por buses articulados, enterrando definitivamente la idea del tranvía. Un nuevo triunfo del inefable Juan Salgado, el archimillonario de izquierda.

Uruguay tiene el triste privilegio de ser un país donde nunca pasa nada. Se lo define como una penillanura levemente ondulada, no somos ni valle ni montaña. Unos pocos dominan el poder real del país y son quienes, en definitiva, marcan el rumbo de la historia, detienen y entierran proyecto tras proyecto en función de ideologías perimidas o de intereses corporativos.

Como dice la canción:

Toca che, negro Rada

Toca, grita la hinchada

Toca y canta tranquilo

Que acá no pasa nada

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