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En el siglo XIX, EEUU se fue convirtiendo en una potencia mundial. La Segunda Revolución Industrial le otorgó el impulso necesario para amenazar el trono de la primera potencia mundial que por ese entonces era el Reino Unido. Su desempeño industrial estaba por entonces a la par de Alemania. La Primera Guerra Mundial favoreció los intereses americanos, puesto que la mayoría de los países europeos vieron como su tejido productivo y su economía quedaron dañadas por la guerra. Tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU se convirtió indiscutiblemente en la primera potencia (que sería solo seguida por la URSS). Y su liderazgo se explica por dos razones: su potencia militar y el dólar.

El primer paso que recorrió el dólar para alcanzar su hegemonía fue el ser la moneda más usada en las transacciones internacionales. Para ello, fue fundamental la competitividad y el dinamismo de EEUU, utilizando sus excedentes de producción durante el siglo XIX para dotar al Viejo Continente de productos baratos. El apetito por estos productos y por la deuda y activos estadounidenses alimentó la demanda de dólares. Esto les permitió inundar el mercado de divisas de dólares con lo que conseguían financiarse más barato que el resto de países. 

Por otra parte, desde la firma de los Acuerdos de Bretton Woods en 1944, el dólar estadounidense paso a ocupar un lugar preponderante en la economía mundial.  Se convirtió en la moneda de referencia para transacciones internacionales, reserva de valor y refugio en tiempos de crisis. Sin embargo, en los últimos años, han surgido cuestionamientos sobre la sostenibilidad de su hegemonía.

A lo largo del siglo XX, la supremacía del dólar se vio impulsada por una combinación de factores: la fortaleza de la economía estadounidense, su estabilidad política y su influencia en los mercados globales. Aun cuando en la década de los 70 se abandonó el patrón oro y se adoptó un sistema monetario basado en la confianza, la divisa estadounidense ha seguido dominando el panorama financiero. Pero, ¿hasta cuándo?

Hoy , Estados Unidos enfrenta una serie de desafíos que podrían poner en jaque la supremacía de su moneda. La creciente deuda pública, los desequilibrios fiscales y la inflación han mermado la confianza en el dólar. A esto se suma la emergencia de nuevas potencias económicas, especialmente China, que busca consolidarse como una alternativa viable en el orden financiero global.

El yuan ha ido ganando protagonismo, con acuerdos bilaterales para desdolarizar el comercio entre países emergentes y alianzas como la de China y Rusia para promover el uso de la divisa china en transacciones internacionales. Sin embargo, para que el yuan pueda disputar seriamente el trono al dólar, China tendría que abrir su mercado financiero, eliminar sus estrictos controles de capitales y aceptar una balanza comercial menos proteccionista. Hasta el momento, el Gobierno chino parece poco dispuesto a asumir esos riesgos.

A pesar de los retos que enfrenta, el dólar sigue siendo la moneda de reserva predominante. Representa cerca del 60% de las reservas internacionales y participa en el 90% de las transacciones globales. Además, su fortaleza radica no solo en la economía estadounidense, sino en la confianza de los inversores en sus instituciones y su sistema financiero.  Además, China, parece entrar en terreno peligroso, puesto que su economía, a pesar de los estímulos inyectados, parece abocada a una crisis económica y una situación deflacionaria. Por tanto, aunque muchas voces auguran la caída del dólar, conviene ser precavido, puesto que el cambio de trono, aún parece estar lejano, pese al proteccionismo extremo  y sus riesgos, que pretende imponer Trump.

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