Si hubiera una vacuna contra la estupidez…
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Por José Pedro Cardozo
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Este no es un cuento sobre algo que ya pasó. Y ni siquiera sé decirles si será estrictamente una vacuna, un chip o cualquier otra cosa, pero alguien descubre una especie de remedio contra las estupideces que dice la gente.
La cosa es que funciona: cuando alguien quería decir una estupidez, algo le paralizaba la lengua y se quedaba mudo. El invento fue recibido con aplausos y premios, tanto que todos los gobiernos del mundo decidieron implementarlo de forma obligatoria. Probablemente los politicos, no se dieron cuenta de que atentaban contra sí mismos, porque muchos gobiernos lamentablemente estan asentados sobre el trono de la estupidez universal. Nadie quedaba fuera. Todos los gobernantes como a veces pasa, habían accedido al poder gracias a la omnipresente estupidez de sus pueblos; así que, sin saberlo o sin pensarlo, cavaron sus propias tumbas.
Estaban convencidos de que la estupidez provenía de afuera y que los estúpidos eran los otros. Lo cierto es que, a los pocos días de implementarse esta vacuna obligatoria en todo el mundo, ese mismo mundo se hundió en un silencio profundo que al principio resultó curioso y después, angustiante.
Era curioso ver, y hoy por hoy, muchas veces seria deseable, ver como algunos periodistas, notorios militantes, sindicalistas que notoriamente viven sin trabajar y que viven de sus representados, asi como muchos politicos en cargos de gobierno de forma casi vitalicia, quedaron mudos frente a las cámaras. Pero el espectáculo más grotesco se daría en el Poder Legislativo. Diputados y Senadores vitalicios, que desde hace largas décadas solo discursean tonterías con algunas diferencias que responden con gritos, insultos y todas esas situaciones lamentablemente habituales… Uno de ellos, se puso de pie, todo colorado,furioso de querer discursear y no poder. Hasta que pareció que le daba un ataque, porque le faltaba el aire. Así fue que se oyeron las únicas palabras de esa noche: “¡Llamen a un médico!” “¡Un vaso de agua, por favor!”. Al tipo nadie lo quería y él tampoco quería a nadie, pero en esos momentos lo único que se escuchó fueron intenciones de ayuda. Fueron vanas… Habrá sido un ataque masivo. Murió ahí nomás. No se pudo hacer nada. La gente intentaba decir las frases comunes de esos momentos, pero ninguna salía. Lo único que se oyó fue que alguien dijo: “Pobre tipo, que Dios le perdone todas sus macanas”.
El presidente de la república, ante esta situación decidió, mediante cadena nacional, dar a cuenta su posición ante la que ya muchos calificaban de “maldita vacuna”.
Por otro lado, poco a poco se comenzaron a ver los resultados de la vacuna. Al principio la gente seguía pensando estupideces, pero como no las podía expresar, ese hábito se fue perdiendo. En las calles solo se oían cosas buenas que empezaban con “buenos días” “permiso” o “muchas gracias”…
Al final, fue algo positivo; del silencio reinante nacieron muchos frutos positivos. Pero, también se perdieron muchas sonrisas inocentes, y eso fue malo, porque el humor es inteligencia verdadera. Algunos se dieron cuenta de eso y se quedaron pensando… Porque la picardia, si se quiere es parte importante de los seres humanos y si se aplica con honestidad y respeto no es porque pasible de negar o impedir. Al final de cuentas, todo esta en la conducta y honestidad de cada uno, por lo que si todos actuarámos como deberíamos la supuesta vacuna anti mentiras, no tendría razón de ser… Pero lamentablemente la realidad y el comportamiento de algunos, sin duda, merecían la utópica vacuna que nos imaginamos..