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A esta altura uno no sabe qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Hace poco un analista político argentino decía que había que empezar a quemar los manuales de Ciencia Política porque el mundo iba hacia la locura total y lo entendemos.

Decía que, por la reciente campaña electoral en Brasil, país increíblemente rico culturalmente, lleno de gente capaz, los bandos se habían dedicado al odio y el insulto. Por caso había que juntar adeptos, darle manija y elegir un enemigo y a partir de allí armar la campaña. Y la verdad que tiene razón, miremos lo que se han dicho en la campaña de un país del nivel del norteño, pero no solo allí, Donald Trump ganó dos elecciones, la segunda por escándalo, y no es precisamente un premio Nóbel de Literatura. Quizás Trump sea de los más sinceros en su discurso ante inmigrantes, anti todo lo que no concuerda con él, y lo dice y la gente lo recibe y lo vota. Porque no es que cambió, sino que es lo que dijo e hizo lo que ya había hecho y lo potenció; a su manera hizo lo que muchos llaman un sincericidio y le dio para gobernar dos veces el país más poderoso de la Tierra. Y no va a seguir porque allá la Constitución si bien permite la reelección no permite que ninguna persona ocupa la titularidad de la nación más de dos veces, sean seguidas o alternadas, éste es el último caso del actual mandatario. Y por eso Barack Obama no pudo presentarse cuando se cayó de la carrera el anterior presidente Joe Biden.

Y ni hablar Argentina, la cumbre del insulto. Javier Milei llegó a la presidencia de la República hablando mal de todos y no se contiene ahora, va al Congreso a hacer los informes que marca la Constitución e insulta a todos los opositores y tiene el diálogo cortado con la vice que no la pudo manejar; incluso sus seguidores dicen que si no insultara no sería el mismo, como que tirar rencor sea una condición como tener más o menos pelo, ser alto o bajo, gordo o flaco, una característica más de una persona. Una locura total. Incluso el año que viene hay campaña electoral y Milei andará en lo mismo de ahora, meta insulto, y capaz que hasta gana.

Cuando uno ve discursos de líderes uruguayos de hace unas décadas le parecen que son de otro planeta, aunque igual valoremos pues son la base de que en el Uruguay todavía no anduvimos por esos caminos, pero debemos cuidarnos, siempre se sale alguien del riel y quiere diferenciarse dando la nota, y dan la nota en forma negativa.

Por eso a la democracia conviene cuidarla como a una planta y regarla cada día un poquito, no vaya a ser que se seque. Dice el sociólogo americano George Ritzer que la propia democracia no tiene la capacidad de cuidarse y que por eso hay que hacer esfuerzos para que no deba soportar ataques que la lleven al vacío. Si miramos por ejemplo la llegada de Hugo Chávez al poder y de cómo expresaba el desarrollo para Venezuela y en qué terminó la pobre nación caribeña uno se pregunta como un charlatán de esos pudo embaucar a una nación donde el saldo, entre otros es de ocho millones de personas expulsadas por un país rico que tenía todo pero que quiso dar el salto y ser "bolivariano"; por lógica Chávez insultó a todos los que pensaban distinto y una vez en el poder arremetió contra la oposición, contra la prensa libre y así terminó. Es complejo al menos entender al ser humano, digamos.

 

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