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En el día de ayer, una carta de nuestros lectores alertaba sobre una nueva modalidad del "cuento del tío." LA PRENSA ha investigado este asunto y descubierto que una nueva y repudiable maniobra fraudulenta está afectando a familias trabajadoras que, en medio de necesidades urgentes como conseguir un alquiler o comprar medicamentos, terminan siendo víctimas de un engaño tan burdo como dañino. Según se pudo saber al menos a través de tres fuentes coincidentes, el “modus operandi” es siempre el mismo y revela una planificación fría y sistemática.

 El individuo, que se presenta como un supuesto hombre de campo, dice encontrarse fuera de la ciudad —a veces en Constitución, otras en una estancia— y argumenta que por ese motivo no puede mostrar personalmente la vivienda que ofrece en alquiler. En su lugar, envía a una joven a enseñar una casa que, en apariencia, estaría disponible. La escena está cuidadosamente armada para generar confianza y urgencia. Una vez que el interesado decide señar la propiedad, el falso arrendador solicita una transferencia de una suma relativamente pequeña, lo suficiente para no despertar sospechas inmediatas, pero significativa para quien vive al día.

Otras estratagemas 

En otros casos, el ardid gira en torno a la compra urgente de medicamentos. Aprovechándose de la situación, el estafador pide que le envíen algo de dinero para mandar los medicamentos solicitados por encomienda. Tras recibir el giro, bloquea el teléfono y desaparece sin dejar rastro, al igual que lo hace en otros casos como los relacionados con alquileres.

¿Quién es?

La desfachatez llega al extremo de proporcionar un número de cédula de identidad para dar apariencia de legalidad a la transacción. Solicita que el dinero sea enviado a una tarjeta a través de RED PAGOS, presuntamente a nombre de S.O.R.O. Según el documento que él mismo remite, esa persona tendría calificación 5 en el Banco Central del Uruguay —es decir, cuentas consideradas incobrables— y mantendría deudas con ANDA, Créditos Directos y Banco Santander. No existe certeza de que dicha cédula pertenezca realmente al estafador, lo que agrega un posible delito de suplantación de identidad.

El cuento del tío

Los enlaces difundidos en las últimas horas confirman que no se trata de un hecho aislado, sino de una cadena de “cuentos del tío” que han perjudicado especialmente a personas humildes, muchas de ellas desesperadas por asegurar un techo o resolver una necesidad médica. El patrón repetido demuestra intención y premeditación, así como la probable existencia de al menos un cómplice.

Las autoridades deben actuar

Frente a esta situación, la intervención urgente de la Fiscalía resulta imprescindible. No se trata solo de castigar a un individuo, sino de enviar un mensaje claro de que este tipo de conductas no quedarán impunes. Del mismo modo, la Policía Nacional cuenta con herramientas tecnológicas y de inteligencia suficientes para rastrear transferencias, identificar titulares de líneas telefónicas y desarticular esta maniobra.

La sociedad no puede naturalizar que quienes menos tienen sean blanco de este tipo de engaños. La condena debe ser unánime y firme. Alertar, denunciar y exigir respuestas concretas es la única manera de frenar estas correrías antes de que más personas caigan en la trampa.

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