El regreso del símbolo perdido /
La garza debe volver a la Plaza de los Recuerdos
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Por Leonardo Vinci
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joselopez99@adinet.com.uy
Las ciudades no se construyen únicamente con ladrillos, asfalto y hormigón; su verdadera esencia se edifica sobre la memoria colectiva y aquellos espacios públicos que confieren una identidad irrenunciable a su gente. En nuestra querida Salto, existen rincones que evocan una honda nostalgia y un profundo sentido de pertenencia. Uno de los ejemplos más entrañables es, sin duda, la emblemática Plazoleta de los Recuerdos. A principios de la década de 1980, la manzana delimitada por las calles Chiazzaro, 19 de Abril, la costanera y Brasil protagonizó una transformación urbana radical y ambiciosa. Tras la demolición de vetustos galpones y construcciones ruinosas que ocupaban una zona históricamente inundable, nació este paseo ribereño, un oasis de verde que, en poco tiempo, se convirtió en el corazón afectivo de toda nuestra comunidad.
UN ÍCONO TRAÍDO DESDE EUROPA
Para coronar la belleza de aquel nuevo espacio público, se instaló en la esquina de Chiazzaro y Brasil una fuente coronada por la estatua de una garza. El paseo no tardó en consolidarse como uno de los lugares más visitados y admirados de la ciudad. Sin embargo, tras esta figura se esconde una historia fascinante. La pieza pertenecía originalmente al patrimonio de OSE y, según atestigua la memoria lugareña, dos esculturas idénticas fueron traídas desde Europa para embellecer las dependencias estatales: una se destinó a la histórica usina potabilizadora de Salto Chico y la otra, a la de Paysandú.
ENTRE EL VANDALISMO Y LA RESTITUCIÓN
Cuando se cristalizó la construcción de la Plazoleta de los Recuerdos, al Intendente interventor de la época le pareció una buena idea recuperar una de estas piezas. Aparentemente, se trasladó la garza que se encontraba en Paysandú. Con el correr de los años, aquella escultura sufrió el embate de manos anónimas que la vandalizaron, obligando a una necesaria restauración en los talleres municipales durante el año 2013. No obstante, las legítimas reclamaciones del departamento vecino terminaron por prevalecer, y la garza regresó finalmente a tierras sanduceras.
EL MISTERIO DE LA HERMANA ESCONDIDA
Ante este desenlace, surge hoy una interrogante ineludible: ¿dónde está la otra garza? Por increíble que parezca, la pieza permanece en la vieja planta de OSE, en las proximidades del Ayuí, oculta a la mirada de los salteños, estando a la vista de unos pocos funcionarios del Ente. Allí, la escultura yace en el aislamiento, relegada al silencio y privada de la función estética y social que merece en la comunidad que tanto valora su historia.
UN LLAMADO A RECUPERAR NUESTRA IDENTIDAD
Más allá de cualquier argumento administrativo que pueda esgrimirse con frialdad burocrática, la fuente de la garza posee una pertenencia moral y sentimental que trasciende a la OSE: nos pertenece a los salteños. El verdadero patrimonio cultural no radica en un registro de inventario, sino en la capacidad de ser disfrutado por el pueblo. Devolver la garza a la esquina de Chiazzaro y Brasil no sería un mero capricho decorativo; significaría un acto de elemental justicia cultural. Es momento de rescatar esta hermosa escultura del encierro para devolverle a la Plazoleta de los Recuerdos aquella magia entrañable que el desinterés y la burocracia, con el paso de los años, nos han arrebatado. ¿Por qué no iniciar, de una vez, las gestiones necesarias para que este símbolo regrese al lugar que le dio vida?