Gabriel Barillari /
50 años de sacerdocio marcados por la fe, el servicio y el cariño de Salto
Hoy 9 de octubre, el padre Gabriel Barillari cumplirá 50 años de trayectoria en la vida salesiana y sacerdotal, una historia vinculada al servicio, la educación y el acompañamiento de distintas comunidades. En este recorrido, Salto ocupa un lugar especial y aseguró haber vivido una de las etapas más felices de su vida como sacerdote.
“En Salto me sentí como un hijo querido”, al recordar su llegada a la ciudad. Antes de trasladarse, un compañero salteño le había advertido que los habitantes de la ciudad podían aceptarlo o rechazarlo. Sin embargo, sus temores desaparecieron rápidamente.
Su primera experiencia como párroco fue precisamente en Salto. Desde el comienzo, sintió una particular cercanía con la comunidad. Recordó especialmente una misa de bienvenida y el posterior encuentro en el salón parroquial, donde una mujer se acercó para decirle que estaba “cayendo muy bien”.
Para Barillari, aquella recepción fue una suerte de “amor a primera vista”. Con el paso de los años, esa primera impresión se transformó en un profundo sentido de pertenencia. “Acá me sentí como en mi familia, en mi casa”.
Una vocación que nació en la infancia
La historia del sacerdote comenzó mucho antes de su ordenación. Hijo de inmigrantes italianos, nació en Argentina poco después de que sus padres llegaran desde Italia tras la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente, la familia se trasladó a Uruguay, donde tenía familiares.
Barillari tiene un hermano mayor nacido en Italia y una hermana menor, uruguaya. Pero más allá de sus raíces familiares, recordó que desde muy pequeño tuvo clara su vocación.
“Desde que me conozco, siempre quise ser sacerdote”. A los seis o siete años ya respondía que quería dedicar su vida al sacerdocio. A los 11 años ingresó al seminario, pese a las dudas iniciales de sus padres, quienes temían que fuera demasiado joven y que con el tiempo cambiara de opinión.
Sin embargo, ocurrió lo contrario. El 2 de enero de 1959 ingresó al seminario y recordó con claridad, una imagen de Domingo Savio que vio allí quedó grabada en su memoria. Sintió entonces una certeza interior: “Esta es tu casa, de aquí no te vas a ir nunca más”.
Una vida dedicada al servicio y a los jóvenes
A lo largo de cinco décadas, Barillari desarrolló buena parte de su tarea junto a niños y jóvenes, especialmente aquellos provenientes de familias humildes.
Uno de sus primeros destinos como sacerdote fue Sarandí, donde estuvo al frente de un hogar para jóvenes del medio rural. Aunque reconoció que desconocía muchas de las tareas vinculadas al campo, asumió el desafío con voluntad y disposición para aprender.
De aquella experiencia rescata especialmente lo que define como una verdadera “paternidad espiritual”. Muchos de los jóvenes a quienes acompañó durante esos años, posteriormente le dijeron que había sido como un padre para ellos.
Esa concepción de la tarea sacerdotal, basada en la cercanía, la familia y el acompañamiento, continúa siendo central para Barillari. “Trato de ser la persona cercana a la gente”.
La peregrinación a Corralito, una experiencia de fe
Entre los recuerdos más importantes de su paso por Salto aparece la tradicional peregrinación a Corralito. Para el sacerdote, aquella experiencia constituye una de las manifestaciones de fe más auténticas y hermosas que ha vivido durante su ministerio.
Recordó especialmente las primeras horas de la mañana, cuando los peregrinos se reunían para comenzar el recorrido, rezando el rosario y cantando mientras llevaban en andas la imagen de la Virgen.
Durante su período en Salto se impulsó que la imagen de María Auxiliadora fuera trasladada a hombros, en lugar de hacerlo sobre una camioneta. La iniciativa permitió reforzar el carácter comunitario y religioso de la peregrinación. Para Barillari, ver a cientos de personas caminar juntas hacia Corralito representa una expresión de fe y de unidad.
“Me siento un sacerdote feliz”
Al mirar hacia atrás y repasar medio siglo de sacerdocio, Barillari no duda en expresar su gratitud. A Dios, por la vocación; y a las personas que encontró en el camino, por haberlo ayudado a crecer y a ser mejor sacerdote. Su regreso a Salto reavivó recuerdos y afectos de una comunidad que, nunca dejó de sentir como propia.
En vísperas de la peregrinación a Corralito, su invitación es también un mensaje de fe, participar como comunidad, honrar a María y renovar el vínculo con Jesús. Para el padre Gabriel Barillari, después de cinco décadas de servicio, la palabra que mejor resume su historia es una sola, gracias.