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Cuando la basura prende alarmas
La imagen no es de una gran metrópoli anónima. Es de Salto. Y cuando un medio de prensa enciende las alarmas por residuos desparramados en la vía pública, no estamos ante un hecho menor ni aislado. Estamos ante un síntoma de cuestiones que debemos analizar.
Bolsas abiertas, contenedores desbordados, restos esparcidos por el viento o por animales. La escena genera indignación inmediata y la reacción casi automática es buscar responsables externos: el camión que no pasó, la frecuencia insuficiente, la gestión municipal. Sin duda, el servicio de recolección debe ser eficiente y constante, sabemos que se trabaja para mejorar ese aspecto después de 10 años de decadencia. Pero reducir el problema exclusivamente a la órbita estatal es una simplificación peligrosa.
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