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Icono de una era, Isabel II, fallecida tras 70 años de histórico reinado, fue honrada solemnemente hoy lunes en un funeral de Estado en la Abadía de Westminster en presencia de mandatarios de todo el mundo, antes de ser enterrada en privado en Windsor. Dando inicio al último adiós a la monarca más longeva del Reino Unido, el féretro, cubierto con la corona, el cetro y el orbe -símbolos de la reina-, fue trasladado sobre un carro de la Royal Navy tirado por decenas de marinos. Al son de las gaitas fue seguido a pie por su heredero, el rey Carlos III y los hermanos e hijos de este, además de ser acompañado por militares de tres regimientos cercanos a la reina, hasta la imponente iglesia gótica en el centro de Londres.

A sus puertas, se sumaron a ellos otros miembros de la familia real británica, incluidos el príncipe Jorge, de 9 años, segundo en la línea sucesoria, y su hermana Carlota, de 7 años. El interior de la abadía reunía a unos 500 líderes y monarcas, del presidente estadounidense Joe Biden al brasileño Jair Bolsonaro, y de los reyes de España -Felipe y Letizia y los eméritos Juan Carlos y Sofía- hasta el emperador Naruhito de Japón. El papa Francisco, que no asistió, estaba representado por el secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, Paul Gallagher.

Reunida con sus padres y su esposo

El deán de Westminster, David Hoyle, dirigió el oficio religioso y el sermón corrió a cargo del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de la Iglesia Anglicana, que alabó la vida de la reina, consagrada a servir a su pueblo.

Tras el oficio religioso, de una hora de duración, un afuste trasladó el féretro en procesión por el centro de Londres hasta al Arco de Wellington, en Hyde Park Corner, y, desde allí, en coche fúnebre al Castillo de Windsor, unos 40 km al oeste, que se convertirá en la última morada de la reina. En Windsor, el féretro será llevado a la Capilla San Jorge por la gran avenida que atraviesa los terrenos del castillo. En esta iglesia del siglo XV, conocida por haber sido escenario de las últimas bodas reales, se celebrará otro oficio religioso con 800 invitados, incluidos empleados de la difunta reina.

Allí, la corona, el orbe y el cetro será retirados del féretro y colocados sobre el altar. El funcionario de mayor rango de la casa real, el lord chambelán, romperá su "vara de mando" y la colocará sobre el ataúd, simbolizando el fin del reinado de Isabel II.

Después, en una última ceremonia privada, reservada a los familiares más cercanos, la reina será enterrada en el conocido como "Memorial Jorge VI", un anexo donde ya reposan sus padres y las cenizas de su hermana Margarita. Los restos de su esposo, el príncipe Felipe, serán enterrados junto a ella, trasladándolos de la cripta real, donde se encuentran desde su muerte en abril de 2021 con casi 100 años.

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