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Un nuevo intercambio de ataques nocturnos entre Rusia y Ucrania dejó siete muertos y numerosos heridos en distintas ciudades fronterizas y estratégicas. El episodio, que incluyó el uso de misiles y drones por ambas partes, profundiza la presión sobre la población civil y los sistemas de defensa ucranianos, cuya capacidad se encuentra limitada por la escasez de interceptores Patriot de fabricación estadounidense. Los bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas se han convertido en una constante durante las últimas semanas. Moscú aprovecha la reducción de los suministros de los sistemas Patriot, el único recurso de defensa antiaérea de Ucrania capaz de interceptar misiles balísticos. Este contexto ha incrementado la vulnerabilidad de áreas urbanas y centrales energéticas.

Por su parte, drones ucranianos mataron a cinco personas y causaron heridas a más de veinte, incluido un niño de cuatro años, en la región fronteriza rusa de Bélgorod, según confirmó la administración regional. Las autoridades detallaron que los artefactos impactaron 29 bloques de apartamentos y cinco viviendas particulares, además de edificios administrativos y establecimientos comerciales.

La respuesta rusa incluyó el lanzamiento de misiles sobre Kharkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania. Allí, un edificio residencial de gran altura en el distrito Saltivskyi fue blanco de los ataques, lo que dejó un saldo de dos fallecidos y trece heridos, de acuerdo con el jefe regional Oleh Syniehubov. Por su parte, el puerto de Odesa y su entorno sufrieron el impacto de “decenas de misiles y drones”, como indicó el jefe de la administración local, Oleh Kiper, que informó de ocho heridos adicionales.

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