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 El deterioro de la economía mundial, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente —particularmente la guerra en Irán— y el consecuente aumento del precio del petróleo, comienza a tener efectos concretos sobre Uruguay, que ya transita una recesión técnica. Así lo advierte el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), que además cuestiona las proyecciones oficiales y reclama un ajuste fiscal.

El director ejecutivo del CED, Agustín Iturralde, sostuvo que el contexto internacional es determinante para explicar el enfriamiento económico. Según indicó, el impacto final dependerá de la duración del conflicto, pero ya se observa un escenario de bajo crecimiento global, con costos energéticos en alza que afectan la actividad productiva. A esto se suma un cambio estructural en la economía de China, principal socio comercial de Uruguay. Lejos de las tasas de expansión del 10% que impulsaron el auge de los commodities en décadas pasadas, el gigante asiático parece estabilizarse en niveles cercanos al 4%. Este nuevo escenario limita la demanda de productos clave como la soja y el arroz, aunque algunos rubros como la carne o el cobre muestran comportamientos más firmes.

Economía con bajo dinamismo en recesión

A nivel país, el CED advierte que el país enfrenta una economía “con bajo dinamismo”, lo que configura una recesión técnica. De acuerdo con sus estimaciones, el crecimiento fue de más a menos durante 2025 y las perspectivas para 2026 se deterioraron significativamente. Mientras el Ministerio de Economía y Finanzas proyecta un crecimiento de 2,6% y 2,2% para 2025 y 2026 respectivamente, el centro de estudios ajusta esas cifras a 1,8% y 1,2%.

En este contexto, Iturralde fue crítico con el presupuesto aprobado, señalando que ya presentaba “fragilidades importantes” frente a shocks externos. A su entender, la programación financiera del gobierno “quedó obsoleta” y obliga a tomar decisiones. “No hay espacio para más impuestos”, afirmó, por lo que planteó la necesidad de una corrección fiscal centrada en la reducción del gasto público, especialmente en la próxima Rendición de Cuentas.

Frenar el deterioro de las cuentas públicas

El economista también advirtió sobre el riesgo de un deterioro sostenido de las cuentas públicas. En un escenario optimista, la deuda neta podría alcanzar el 68% del PIB hacia 2029, superando el ancla del 65% fijada por el propio gobierno. Para el CED, postergar los ajustes no hará más que profundizar los desequilibrios. En un contexto internacional adverso y con menor margen de crecimiento, Uruguay enfrenta el desafío de ordenar sus finanzas sin margen para errores.

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