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Una colega de otro medio de comunicación, con indignación y solicitando multas para ellos, ayer mostraba en sus redes sociales, fotos de autos estacionados sobre las veredas (si mal no vimos mostraba en este caso un tramo de la calle 6 de Abril, en el Cerro). Se trata, en la mayoría de los casos, de conductores que van como a entrar al garage de su propia casa pero no lo hacen, sino que quedan a mitad de camino, en plena vereda (seguramente no demoran en salir de nuevo). Pero hay otros que, increíblemente, con mucha minuciosidad se dedican a estacionar sobre las veredas, hasta con vehículo paralelo a la calle. Son los que buscan sombra, ya sea de un árbol, o del toldo de un comercio, etc. Cabe agregar y no es novedad, que Salto es una ciudad en la que también suelen verse muchas motos estacionadas encima de las veredas. En sumas, parece ser un problema más del verano y la necesidad de evitar el sol.

Lo peor, por supuesto, es para los peatones que deben pasar por allí y ven muy disminuido el espacio para caminar. Y más para aquellas personas no videntes o de baja visión, o quienes deben llevar un coche de bebé o trasladarse en una silla de rueda. Mejorar este tipo de cosas, no sería más que aplicar eso que está tan de moda, la empatía; es decir ponerse en el lugar del otro o ver las situaciones desde la perspectiva que la ven (y la sufren) otros.

Desde dos puntos de la ciudad, bien distantes uno del otro, se quejan los vecinos por alumbrado público que no funciona. Nos dicen que los reclamos donde corresponde ya fueron hechos, pero el problema persiste. Uno es en la zona del estadio de Ceibal, calle Yacui y Cerrito. El otro en barrio Cien Manzanas, zona de Andrés Latorre y San Martín.

Y ya que estamos con reclamos, digamos que ayer se comunicaron con nuestra Redacción, vecinos de Cervantes y Forteza, zona del barrio Mi Tío. En su caso el problema es la basura. Nos aseguraron que “hace alrededor de un mes y pico” que no cuentan con el pasaje del camión recolector.

Una lectora nuestra le comentaba hoy de mañana a un periodista de este diario: “¿Por qué los inspectores de ómnibus, cuando suben a los coches a controlar las ventas de boletos, se pasan tanto rato hablando con los choferes? ¿Usted no lo ha notado? No son todos, pero sí varios…”. El periodista no supo qué responder, y la señora agregó: “digo porque ese cartel (y señaló hacia la parte delantera del bus) dice que está prohibido hablar al conductor…”. En fin…cosas que pasan.

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