Anotaciones Callejeras
Lamentablemente en este país circulan más o alcanzan mayor notoriedad las cosas malas, las artimañas, las estafas, que las muchas cosas buenas que realmente se hacen.
Alguna vez leímos que lo bueno se multiplicaba por dos en los mensajes y lo malo por catorce. Bueno, estamos en el doble. Una señora del Barrio Palomar llamó a la compañía del gas pues "se me terminó la garrafa". Apareció el camioncito con el muchacho de siempre, entró, tiene confianza, puso la garrafa nueva y al sacar la vieja vio que algo no encajaba dentro de lo esperado.
Para él, lo contaría luego, en unos instantes, estaba casi llena la garrafa supuestamente vacía. Es más, puso la nueva, se llevó la otra y se negó a cobrar.
"No señora, mire, debe tener mucha presión en la válvula y por eso no andaba, pero yo no le puedo cobrar una garrafa completa cuando me llevo otra a la que le faltará un quilo, como máximo. Yo informo en la central y allá capaz le cobran un quilo, no sé, pero yo no puedo cobrar algo que no le doy". Tomá pa´ vos.
Le dio una propina la señora y se quedó pensando en la tremenda honestidad de ese trabajador que perfectamente se llevaba la garrafa casi llena que ella creía vacía, la usaba y luego la llevaba a la central. Pero no, obró como lo hace siempre, con la mayor honestidad. Y no comenta pues para él es su forma de ser. Pero nosotros nos enteramos y contamos. Por gente así vale la pena todo, incluso contarlo en los diarios.
No todos los comercios en Salto tienen pos, que son las terminales de las tarjetas, sobre todo para recibir pagos con tarjetas de débito que en Salto la mayoría usa para accionar luego de recibir un dinero que puede ser de sueldo, pensiones, jubilaciones, alquileres. Son pocos pero existen.
Incluso verdulerías, quioscos y almacenes chicos están usando los pos como forma de ampliar clientes. Y para la gente es mejor pues se saca dinero de encima que puede perder, que le puede robar.
Un choricero de los que vende muy bien en la noche salteña averiguó por esto pero reconoció que le saldría en el entorno de diez u once pesos por chorizo pero ese costo no lo puede trasladar al producto, lo debe asumir él, y dado lo que vende en el mes era más de veinte mil pesos para el sistema bancario. Ese hombre no será contador ni economista pero sabe de economía. Donde se compra, se vende, se gana y se pierde sin tanta alharaca.