¡Cuesta abajo! Agárrense…
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Por Ramón Fonticiella - Ex Intendente de Salto
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rfonti08@gmail.com
Parece el título de una novela dramática. No lo es. Tampoco es el inicio de la narración de una aventura, de las que hoy día aparecen en noticieros, con gente que haciendo montañismo se desbarranca. Sólo se trata de una alegoría, que pretende referirse a la actual sociedad, en algún país como el nuestro o vecino, que advierte que hay realidades, valores, estructuras, estamentos sociales, que dejan de otorgar seguridad y sus “ocupantes” se despeñan aunque estén en el llano. Quizás mi explicación del título le ha confundido más. Aclaremos.
La velocidad de los cambios económicos, sociales o geopolíticos, tornan muy inestable la realidad personal y comunitaria. Por ejemplo diariamente oímos que hay fábricas que cierran, y mandan sus trabajadores al seguro de paro: se quedan sin empleo. Más allá de la lucha de las organizaciones sindicales (que felizmente en Uruguay existen), todo cambia. Quien se ha modificado es el mundo, las relaciones de consumo, de trabajo, la aparición de tecnologías que no necesitan manos humanas, de “inteligencia”, que ya no precisa cerebros; y muchos otros elementos menos técnicos (codicia, prepotencia, ´decisión de conquista) van “pisando cabezas” débiles para transformarlas en escalones.
No son estas, frases desesperadas; pretenden ser un discurso de advertencia, un llamado a despertar a quienes se dejen llevar por la correntada.
El “agárrense” es un grito que pretende llegar a tiempo, mientras las manos tengan de dónde prenderse.
Fundamentalmente la voz va dirigida a quienes tienen responsabilidades de dirección: gobernantes, legisladores, dirigentes empresariales y sindicales; en síntesis aquellos referentes en quienes la gente común ha depositado su confianza.
No es poca cosa. En una democracia sana, esas figuras o las agrupaciones que las nuclean, deben movilizarse ordenada y diligentemente para tratar de asegurar la mayor seguridad a sus representados. Muchos de los “perjudicados” por los cambios internos y externos, han elegido a sus representantes con la certeza de que serán arropados (como se dice ahora), por quienes les pidieron ser elegidos para esas tareas.
Lamentablemente no se viven momentos de ese tipo de certezas, sino todo lo contrario. La historia reciente y cercana, muestra casos de referentes “monederos”, que cuando los precisás “se abren” y te dejan pagando. Por eso el llamado de advertencia. En las correntadas o deslizamientos cuesta abajo, pueden faltar voluntarios que arriesguen su propia seguridad para salvar a otro. Todo son metáforas, para tratar de hacer creíble la necesidad de prepararse (y exigir preparación) para momentos difíciles.
Creo, que en el caso de Uruguay, el gobierno nacional intenta buscar ramas para que la gente se agarre. Muestra de ello son la consolidación salarial, la atención constante de que los ingresos no se deprecien, de que se expanda el empleo, que las transferencias del Estado a los más débiles (en la Rendición de Cuentas que en general no votaron blancos y colorados). No constituyen una muralla, pero son agarraderas seguras para el mal momento que el mundo pasa.
El Uruguay ha bajado la pobreza, señal de que los más frágiles mejoraron. Como decía Tabaré “ Primero, lo primero”…