Cabildo Abierto - FA: ¿Un nuevo bloque político?
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Por Jose Pedro Cardozo
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El acuerdo alcanzado entre el Frente Amplio y Cabildo Abierto para sacar adelante la Rendición de Cuentas generó aplausos, críticas, desconcierto y alguna que otra explicación política bastante difícil de digerir. Como suele ocurrir, cada uno interpreta los hechos según el lado del mostrador en que se encuentra. Pero hay algo que no debería generar discusión: los partidos políticos tienen todo el derecho de acordar. Si encuentran coincidencias programáticas, legislativas o circunstanciales, pueden negociar y votar juntos. Eso forma parte de la democracia y de la actividad parlamentaria. Por eso, sorpresa, lo que se dice sorpresa, no hubo. Desde hace más de un mes se venían desarrollando conversaciones. Y desde el encuentro entre el presidente Yamandú Orsi y Guido Manini Ríos, para muchos era cuestión de tiempo que apareciera el humo blanco. Lo verdaderamente interesante no está, entonces, en que Cabildo Abierto vaya a aportar sus votos.
Está en lo que este acuerdo empieza a representar políticamente. Porque una cosa es una coincidencia puntual y otra muy distinta es que, desde el comienzo de esta administración, Cabildo Abierto haya aparecido reiteradamente como una pieza necesaria para que el Frente Amplio consiga mayorías especiales y pueda avanzar con determinadas iniciativas.
Manini Ríos podrá insistir —y está en todo su derecho— en que Cabildo Abierto y el Frente Amplio están ideológicamente en las antípodas. Y, en muchos aspectos, efectivamente lo están. Pero la política no se construye solamente con ideología. También se construye con votos, necesidades, negociaciones y objetivos concretos.
Y allí aparece la pregunta inevitable: ¿estamos ante la formación, aunque sea informal, de un nuevo bloque político? No sería correcto hablar todavía de una alianza electoral ni de una coalición formal. Mucho menos de una identidad política compartida. Pero sí parece existir una dinámica parlamentaria que se repite y que sería ingenuo ignorar. Cabildo Abierto necesita demostrar que conserva capacidad de incidencia. El Frente Amplio necesita votos para gobernar. Y cuando esas dos necesidades coinciden, aparecen los acuerdos. Eso es política. También lo fue la discusión previa a la Rendición de Cuentas, donde se llegó a instalar un escenario casi apocalíptico si el Poder Ejecutivo no conseguía los votos para aprobarla. Se habló de las consecuencias que tendría para el funcionamiento del país, cuando la realidad es bastante más compleja.
Afirmar que sin ella el Estado dejaría de funcionar es llevar la discusión política al terreno de la exageración. El propio debate dejó claro que existen mecanismos alternativos, proyectos de ley y otras herramientas para atender determinadas necesidades. Lo que cambia, naturalmente, son los tiempos y las posibilidades de ejecución.Y aquí está el verdadero dato político.
El Frente Amplio, llegó al gobierno con mayoría propia en el Senado pero sin mayoría en Diputados, por lo que necesita construir acuerdos. Cabildo Abierto, con una representación parlamentaria reducida pero capaz de resultar decisiva en determinadas votaciones, encontró allí un espacio para hacer valer su peso. No es amor político. Es necesidad política. Y quizás precisamente por eso resulte más interesante. El tiempo dirá si esta coincidencia entre el Frente Amplio y Cabildo Abierto es solamente una sociedad circunstancial o el comienzo de algo más profundo. Por ahora, hay una evidencia que ya nadie puede desconocer: cuando el Frente Amplio necesita votos, Cabildo Abierto aparece. Y cuando Cabildo Abierto puede influir, el Frente Amplio escucha.Dicen que los extremos nunca se tocan. Pero en la política uruguaya, queda demostrado, que cuando los números mandan, los extremos se encuentran en el mismo lado de la mesa.