La modernización de Salto Grande /
Preparan licitación internacional para la compra de 14 nuevas turbinas
La histórica represa binacional de Salto Grande, desde 2019 viene siendo sometida a una renovación integral, que asegure su vida útil por más de 50 años. Esta previsto, sustituir sus 14 turbinas hidrogeneradoras, actualmente de origen ucraniano, modelo Kaplang alentando también la modernización de sus compuertas, transmisión y otros sistemas, que en parte, ya fueron sustituidos al llegar al fin de su vida útil, después de 43 años de permanente funcionamiento.
La mayor inversión productiva del país
El actual presidente de la delegación uruguaya ante el ente binacional denominado Comisión Técnico Mixta de Salto, el Ing. Gonzalo Casaravilla, asegura que es “la inversión más productiva” que puede realizar el país. Así lo sostuvo, indicando que tras más de cuatro décadas, de comenzar a generar electricidad, Salto Grande se prepara para una segunda vida. Para ello, la represa hidroeléctrica binacional ya ingreso, desde hace siete años, en uno de los procesos de renovación más importantes de su historia, con una inversión total, estimada en US$ 1.000 millones, aportados en partes iguales por Uruguay y Argentina.
Reparar y modernizar
La magnitud de la cifra permite comprender que no se trata simplemente de reparar una central que envejeció. El objetivo es modernizar integralmente una infraestructura considerada estratégica para el sistema eléctrico uruguayo, prolongando su capacidad de generación y asegurando su funcionamiento durante las próximas décadas. El presidente de la delegación uruguaya ante la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, Gonzalo Casaravilla, fue contundente al definir el proyecto como “la inversión más productiva” que puede realizar Uruguay para garantizar el abastecimiento eléctrico del futuro.
El plan de modernización comenzó en 2019
Y contempla una inversión aproximada de US$ 500 millones por cada país. El componente más importante será la sustitución de las 14 turbinas de la central, pero las obras abarcarán además la renovación de compuertas, sistemas de transmisión y otros equipos fundamentales para el funcionamiento de la represa. Hasta el momento ya se ejecutaron aproximadamente US$ 40 millones, mientras que actualmente se desarrolla una segunda etapa financiada mediante un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por unos US$ 75 millones. El próximo gran objetivo es dejar firmado el contrato para la renovación de las 14 turbinas. Será el paso decisivo de un proceso que busca transformar una central que durante más de cuatro décadas ha sido uno de los pilares del abastecimiento eléctrico uruguayo.
Represa que ahorra anualmente al país entre US$400 a US$500 millones
El verdadero valor de Salto Grande no está solamente en la electricidad que produce, sino también en lo que le permite ahorrar al país. Casaravilla estimó que, si Uruguay no contara con la generación de la represa, el costo anual del abastecimiento energético sería entre US$ 400 a US$ 500 millones anuales. De esta forma, destaco el técnico, con larga carrera en la empresa estatal UTE, la señalada cifra convierte a Salto Grande en mucho más que una obra de infraestructura. Es un activo estratégico que incide directamente sobre el costo de la energía, la competitividad de la economía y la seguridad del suministro. En momentos en que el precio y la disponibilidad de la energía se han convertido en factores determinantes para atraer inversiones, disponer de una matriz eléctrica diversificada, como ha logrado constituir Uruguay, es una importante ventaja competitiva.
La apuesta que cambió la matriz energética del país
Casaravilla destacó la profunda transformación de la matriz energética uruguaya registrada desde 2010. La expansión de las energías renovables permitió reducir la dependencia de los combustibles fósiles y otorgó al sistema una mayor capacidad de respuesta. Incluso durante períodos de sequía, cuando la generación hidroeléctrica se vio afectada, Uruguay logró mantener el abastecimiento interno y, en determinados momentos, exportar electricidad. Ese cambio, según el jerarca, también es observado por los inversores. La posibilidad de contar con energía suficiente y con garantías de abastecimiento se ha convertido en un elemento relevante para quienes analizan instalar industrias y nuevos emprendimientos en el país.
Ya no hay muchos ríos por aprovechar
La modernización adquiere todavía mayor importancia porque Uruguay prácticamente agotó su potencial para construir nuevas represas hidroeléctricas. Consultado sobre esa posibilidad de incorporar nuevas centrales de este tipo, Casaravilla fue claro: el potencial hidroeléctrico del país está prácticamente aprovechado. El futuro, por lo tanto, no pasa por buscar o alentar la construcción de otra represa tipo Salto Grande, sino por conservar y modernizar la que ya existe. La ecuación es sencilla: una infraestructura de 42 años necesita una renovación profunda, pero su importancia económica y energética justifica una inversión de enorme magnitud.
Mil millones de dólares
Los mil millones de dólares proyectados no son solamente el precio de cambiar turbinas, compuertas y sistemas. Son, en definitiva, el costo de garantizar que Salto Grande continúe siendo durante las próximas décadas uno de los grandes respaldos energéticos del Uruguay. Porque mientras se habla de nuevas fuentes, nuevas tecnologías y nuevos desafíos, hay una certeza que permanece: el futuro energético del país también dependerá de la capacidad de mantener en condiciones óptimas las grandes obras que ya fueron construidas. Y Salto Grande es, probablemente, la más importante de ellas.