Cuando la prevención es parte de las vacaciones
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Por Jose Pedro Cardozo
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director@laprensa.com.uy
Desde el inicio de la presente temporada de vacaciones veraniegas, las rutas del país se llenan de movimiento, expectativas y ganas de descanso. Familias enteras se trasladan hacia los principales destinos turísticos, se multiplican los viajes de corta y larga distancia y el tránsito se vuelve más intenso y complejo. Sin embargo, junto con ese escenario habitual, se repite año tras año una realidad preocupante: el aumento notorio de los siniestros de tránsito, muchos de ellos con consecuencias graves o fatales, que convierten lo que debería ser un tiempo de disfrute en una tragedia evitable.
Consciente de este patrón que se repite en forma alarmante, el gobierno nacional lanzó una campaña de concientización y prevención vial en acuerdo con varios organismos estatales, apostando a reforzar un mensaje que parece obvio, pero que aún no logra permear de forma suficiente en la conducta de los conductores. La iniciativa apunta a un objetivo claro: reducir la siniestralidad en un período crítico, donde el exceso de confianza, el cansancio, el consumo de alcohol y la imprudencia se combinan de manera explosiva.
Las estadísticas son elocuentes. Durante los meses de verano se incrementa significativamente la cantidad de accidentes en rutas y caminos nacionales. El mayor flujo vehicular, los traslados en horarios nocturnos o de madrugada, las altas temperaturas y los viajes prolongados generan un cóctel de riesgo que, si no es acompañado por una conducción responsable, termina cobrando un alto precio. No se trata solo de choques espectaculares que ocupan titulares, sino también de siniestros cotidianos que dejan heridos, discapacidades permanentes y familias marcadas para siempre.
La campaña impulsada por el Ejecutivo, en coordinación con organismos de tránsito, Policía Caminera, el sistema de salud y entes de seguridad vial, busca atacar el problema desde múltiples frentes. Controles más estrictos, mensajes claros en medios de comunicación y redes sociales, presencia en rutas y terminales, y un fuerte énfasis en la responsabilidad individual conforman el núcleo de la estrategia. El mensaje es directo: manejar no es un acto automático, sino una responsabilidad social.
Uno de los puntos centrales de la campaña es el combate a la conducción bajo los efectos del alcohol y otras sustancias. Pese a años de advertencias y normas más severas, el alcohol sigue siendo uno de los principales factores asociados a los siniestros graves. A ello se suma el uso del celular al volante, el exceso de velocidad y la falta de descanso adecuado antes de emprender viajes largos. Conductas que muchos naturalizan, pero que multiplican exponencialmente el riesgo.
La prevención vial, sin embargo, no puede agotarse en campañas estacionales. El desafío de fondo es cultural. Cambiar hábitos arraigados lleva tiempo y exige constancia. Por eso, resulta clave que estas acciones no se limiten al verano, sino que formen parte de una política pública sostenida, que incluya educación vial desde edades tempranas, infraestructura adecuada y sanciones efectivas para quienes ponen en peligro su vida y la de los demás.
En este contexto, el rol del Estado es fundamental, pero no excluyente. La seguridad vial se construye también desde la responsabilidad individual y colectiva. Cada conductor que decide respetar las normas, descansar antes de viajar, usar el cinturón de seguridad o designar a un conductor responsable está contribuyendo a salvar vidas. Cada gesto cuenta.
El verano no debería ser sinónimo de luto ni de sirenas en la ruta. La campaña lanzada por el gobierno es una señal positiva y necesaria, pero su éxito dependerá, en última instancia, de la capacidad de la sociedad para asumir que llegar a destino es siempre más importante que llegar rápido. Porque unas vacaciones pueden esperar; una vida, no.
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