Lula gano en Brasil, perjuicios los sufre Uruguay
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Por Jose Pedro Cardozo
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La depreciación del real vuelve a encender las alarmas sobre la competitividad uruguaya, amenaza con encarecer nuestros destinos turísticos y expone los riesgos de confundir afinidades políticas con intereses nacionales.
La política tiene sus preferencias, los partidos sus afinidades y los gobernantes sus simpatías ideológicas. Pero la economía, con frecuencia, se encarga de recordar que los intereses de un país no siempre coinciden con los deseos de quienes lo conducen. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones brasileñas del pasado domingo y la posterior caída del real constituyen una señal de alerta para Uruguay, precisamente cuando comienza la cuenta regresiva para una nueva temporada turística.
El oficialismo, no se ocultaba la expectativa favorable a un triunfo de Lula. Sin embargo, pocas horas después de conocerse el resultado, los mercados comenzaron a mostrar una reacción que, de mantenerse, puede tener consecuencias poco convenientes para nuestra economía. El Banco República, pasó de comprar el real a $ 7,10 el viernes a $ 6,45 este lunes. Una caída del 9,15% en apenas un fin de semana, de acuerdo con las cotizaciones difundidas.
La explicación de semejante movimiento no puede reducirse exclusivamente al resultado electoral: los mercados responden a múltiples factores, expectativas y decisiones de inversión. Pero la coincidencia temporal vuelve inevitable una pregunta: ¿qué sucede con Uruguay cuando Brasil se abarata y nuestro país pierde competitividad frente a su principal vecino?
La respuesta está a la vista. Cuando el real pierde valor frente al peso uruguayo, Brasil se vuelve relativamente más barato para los visitantes uruguayos y para sus propios consumidores, mientras que los precios de nuestros servicios y productos resultan más elevados para quienes llegan desde el otro lado de la frontera. La diferencia cambiaria, que tantas veces golpea al comercio de los departamentos limítrofes, vuelve a amenazar con ensancharse.
Y el momento no podría ser más inoportuno. Punta del Este y los principales destinos turísticos uruguayos se preparan para recibir a los visitantes de la temporada 2026-2027. Los alquileres, los restaurantes, los hoteles y los servicios tienen que competir en un escenario regional donde el precio importa, y mucho. Si viajar dentro de Brasil resulta más accesible para los brasileños, Uruguay corre el riesgo de perder parte de esa demanda, justamente cuando necesita consolidar reservas, ocupación y consumo.
No se trata de anunciar anticipadamente una temporada perdida ni de atribuir a una sola cotización el destino de toda la actividad turística. Se trata de reconocer una realidad elemental: Uruguay es un país caro en dólares y cualquier movimiento cambiario desfavorable frente a sus vecinos agrava sus dificultades para competir.
La situación también interpela al Gobierno. Si el oficialismo celebró políticamente la continuidad de Lula, ahora debe observar con atención las consecuencias económicas de un escenario regional que puede perjudicar a sectores decisivos para la generación de empleo y divisas. No basta con compartir discursos, proyectos o afinidades partidarias. Los gobiernos están para defender los intereses de sus ciudadanos, incluso cuando las circunstancias económicas contradicen sus preferencias políticas.
Uruguay no decide las elecciones brasileñas ni controla las decisiones de sus mercados financieros. Pero sí puede actuar sobre sus propias condiciones de competitividad: revisar los costos que encarecen los servicios, mejorar la infraestructura turística, promover incentivos eficaces y evitar que la carga impositiva termine convirtiéndose en una desventaja adicional frente a los países vecinos.
La lección es conocida, aunque demasiadas veces ignorada. La economía no se ordena según simpatías políticas y los mercados no votan siguiendo consignas partidarias. Mientras algunos celebran victorias ajenas, los empresarios, los comerciantes y los trabajadores uruguayos deben enfrentar las consecuencias concretas de una realidad que no admite discursos tranquilizadores.
Lula ganó las elecciones en Brasil. Eso pertenece a la democracia brasileña. Lo que corresponde ahora es que Uruguay mida las consecuencias, proteja su competitividad y defienda su temporada turística. Porque una cosa son las preferencias políticas del Gobierno y otra, muy distinta, la cuenta que puede terminar pagando el país.