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De aquellos viejos almacénes y bares, que fueron parte de encuentros de algunas generaciones, que encontraban en ese espacio el lugar para algún juego de cartas, alguna mesa de casín, pero sobre todo la charla, los intercambios, que con el paso de los años, las costumbres fueron cambiando, para hoy prácticamente que no encontrar. Los cambios que cambian, son parte de nuestro diario vivir y vaya si se han notado, sobre todo en este nuevo siglo, que en algún momento lo miramos como que en el 2000 se terminaba el mundo. Algo que surgió, se multiplicó y lo incorporamos a nuestras vidas.

Es que como seres humanos que somos, generalmente nos dejamos llevar por algún que otro comentario o idea y vaya que puede influír en nuestra salud mental, algo que está muy de moda por estos días, sobre todo con lo que es la nueva mirada de un mundo tan cambiante. En algún momento pensamos que en realidad más allá que con los avances en muchas herramientas, fuimos perdiendo otras, que parecían que no eran las mejores, pero que quizás en definitiva resultaban un escape para relacionarnos, intercambiar opiniones, sacar algún peso que nos acompañaba, cuando se comparte en alguna charla.

Hoy vemos mucha gente que transita nuestras calle y casi que ni mira a los costados, ya que va metido en este nuevo mundo, vaya a saber escuchando qué, o metidos en sus problemas o tratando de encontrar el camino para manejarse de la mejor manera. En una soledad que muchas veces asusta, más allá que a su alrededor transitan muchos, que quizás también están inmersos en esa soledad y que han perdido eso tan importante, que es comunicarse unos con otros, más allá de las diferencias de las miradas.

Hoy es cada vez más complicado encontrar los espacios de encuentros, con una copa o no de por medio, algún juego de carta u otros que eran la excusa necesaria para escapar de los problemas que nos acompañan siempre, pero que sin duda al momento de compartir, lo vamos llevando de otra manera. Cuesta tanto darse cuenta que cada vez a pesar de que estamos acompañados por más cantidad de personas, nos dejamos llevar por la soledad de nuestros pensamientos y nos alejamos de la posibilidad de compartir los problemas. Antes nos decían, hay que sacar todo lo malo para afuera, hablar y compartir, en esas charlas que se daban en algún almacén con bar incorporado, que servían para olvidar.

Los tiempos son los mismos en cuanto a las horas del día, más allá que en algún momento pensamos que pasan más rápido y sin darnos cuenta seguimos metidos en lo que hoy se nos presenta como alternativa, que es llegar a cosas que por ahí ni siquiera necesitamos, pero nos dejamos ganar por el consumismo. De a poco la división fue más notoria, incluso en espacios que antes compartíamos, como en una cancha de fútbol y donde quizás hasta con un familiar nos dividimos en sectores, ya que hasta eso hemos llegado. Cuanto perdimos en este nuevo Siglo y lo que ganamos, habría que poner en la balanza, para ver si en algún momento nos podemos volver a encontrar en algún “boliche”, para compartir aquellas charlas, los juegos de mesa o simplemente un trago, para entablar una conversación que nos ayude. Los cambios que han llegado para cambiar, viejas costumbres que ayudaban a compartir y dejar salir los problemas de nuestras mentes. Para analizar en este mundo donde cada vez más, se busca manejar nuestras ideas y costumbres, que no eran del todo malas. Que vuelva el truco y hasta el vale cuatro no paro. 

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