Analizando el mundial desde la psicología
- Por la Psicóloga Ana Claudia Acosta
Desde la mirada de la psicología el mundial es un evento que promueve la identidad social, contagio emocional y conexión colectiva, modifica el comportamiento diario, a nivel de los vínculos sociales, y a nivel biológico eleva la segregación de endorfinas y actúa temporalmente como un "analgésico" frente al estrés.
La Identidad y la Pertenencia Grupal
Durante el mundial se observa que la identidad social se vuelve más visible. El hincha transfiere parte de su propio ser al equipo, lo que provoca que los triunfos eleven el orgullo grupal y la autoestima colectiva. Lo que explica por qué las derrotas se viven con tanta intensidad: el cerebro puede procesar un mal resultado como si fuera una decepción o pérdida personal. Y se vive en los distintos escenarios por donde la gente se mueve: trabajo, familia, clubes, espacios sociales en general. Se produce un calendario emocional compartido que moviliza incluso a quienes no son aficionados al fútbol. La psicología explica que el entorno permite una expresión de emociones sin censura (gritos, llantos, enojos), convirtiendo los partidos en espacios de catarsis colectiva que reducen el estrés cotidiano.
¿Qué pasa antes y durante los partidos?
La incertidumbre y la expectativa alimentan una fuerte ansiedad en la previa de los partidos. En las casas, espacios de trabajo, instituciones, en las calles, se adorna de los colores de la selección de fútbol. Cada cuatro años, el Mundial logra algo difícil de encontrar en otros ámbitos: millones de personas pendientes de un mismo acontecimiento. Familias reunidas frente a una pantalla, amigos que organizan encuentros para ver los partidos y conversaciones que atraviesan generaciones y diferencias.
Los especialistas coinciden en que eventos masivos como la Copa del Mundo funcionan como una especie de espejo social. Ponen en escena emociones, vínculos, formas de pertenencia y también algunos desafíos de la convivencia. El Mundial puede ser una oportunidad para fortalecer lazos y compartir experiencias, aunque también puede exponer conductas agresivas o excluyentes.
Para entender algunos comportamientos que aparecen alrededor del fútbol, la Psicología y la Sociología suelen recurrir al concepto de anomia, desarrollado por el sociólogo francés Émile Durkheim y posteriormente ampliado por Robert Merton.
La anomia describe situaciones en las que las normas sociales pierden fuerza o dejan de ofrecer un marco claro de referencia. En contextos de incertidumbre o crisis, algunas personas pueden buscar pertenencia en identidades grupales muy rígidas, donde el "nosotros" se construye en oposición al "otro".
En esos casos, el rival deja de ser simplemente un competidor deportivo para convertirse en una amenaza. Cuando ocurre esto, aparecen expresiones de intolerancia o agresividad que poco tienen que ver con el juego y mucho con la dificultad para aceptar las diferencias.
En este contexto, la presencia del otro es fundamental. Sin rivales no hay partido. Sin diferencias no hay juego. Reconocer la existencia de perspectivas distintas es, justamente, una de las condiciones que hacen posible la experiencia deportiva.
Una oportunidad para enseñar valores
Puede convertirse en una herramienta para transmitir aprendizajes importantes. Aprender que se puede hacer un gran esfuerzo y aún así perder es una enseñanza valiosa que trasciende el deporte y acompaña muchos aspectos de la vida. Ningún jugador gana solo, detrás de cada figura hay compañeros, estrategias compartidas y objetivos comunes. El éxito colectivo suele construirse a partir de la colaboración y no únicamente del talento individual. Es una oportunidad para reunirse con familiares y amigos/as y fortalecer los vínculos. Una enseñanza puede ser que las personas pueden sentirse parte de algo más grande sin perder de vista el respeto por quienes piensan, sienten o viven de manera diferente.