Dolor y reflexión tras un siniestro fatal /
La Prensa salió a la calle para escuchar qué dicen los salteños sobre el tránsito
El siniestro fatal ocurrido el pasado miércoles en horas de la tardecita, en la intersección de avenida Batlle y San Eugenio, sacudió a la comunidad salteña como pocos episodios logran hacerlo. La tragedia —en la que perdió la vida una joven mujer, madre además, que intentaba cruzar de una acera a otra junto a sus dos hijas pequeñas— dejó una profunda conmoción y abrió nuevamente el debate sobre la seguridad vial en la ciudad. Con ese contexto aún fresco, aunque la inquietud venía gestándose desde hace tiempo, La Prensa decidió salir a la calle y dialogar con vecinos elegidos al azar —hombres y mujeres de distintas edades— para recoger sus impresiones sobre el estado del tránsito en Salto. De esas conversaciones surgen percepciones que, si bien no constituyen un estudio científico, reflejan una sensibilidad social que merece ser escuchada.
Una percepción extendida: el tránsito se volvió más riesgoso
Entre las respuestas recogidas, una idea se repitió con contundencia: aproximadamente ocho de cada diez consultados coincidieron en que el tránsito en la ciudad se ha vuelto cada día más peligroso. Para muchos, la sensación no responde solo a estadísticas o cifras oficiales, sino a experiencias personales y observaciones cotidianas. Conductores apurados, peatones inseguros y la convivencia cada vez más compleja entre autos, motos y bicicletas fueron mencionados como factores que alimentan esa percepción de riesgo permanente. Algunos entrevistados señalaron que la densidad vehicular aumentó en los últimos años, mientras que otros apuntaron a cambios culturales que —según su visión— han deteriorado la convivencia en la vía pública.
Falta de respeto a normas básicas
Casi el 79% de los consultados coincidió en identificar ciertas conductas como los problemas más graves: no detenerse ante cebras peatonales, conducir distraído con el celular y no respetar las preferencias de paso. Estas faltas, consideradas elementales dentro de la educación vial, fueron señaladas como prácticas frecuentes que ponen en peligro tanto a peatones como a conductores.
Asimismo, alrededor del 40% advirtió sobre el riesgo que implica la circulación de motocicletas adelantando por la derecha, una maniobra que —según manifestaron— genera situaciones inesperadas y potencialmente peligrosas. Otra preocupación extendida fue la indiferencia hacia la señalización, en especial hacia los límites de velocidad: casi el 60% afirmó observar con frecuencia que estos carteles son ignorados o minimizados.
¿Control o conciencia?
Consultados sobre la responsabilidad de mejorar la situación, las respuestas fueron diversas. Cerca del 45% sostuvo que no se trata tanto de falta de inspectores o controles, sino de una cuestión de conciencia social. Para este grupo, el cambio debe comenzar en la conducta individual, en el respeto por el otro y en la comprensión de que cada acción al volante tiene consecuencias. Otros, sin embargo, remarcaron la importancia de combinar educación, controles y sanciones para generar hábitos sostenibles en el tiempo. En ese punto, surgió también una propuesta recurrente: incrementar las campañas de concientización, mostrando no solo estadísticas de siniestros, sino también las historias y secuelas —físicas y emocionales— que quedan en quienes los protagonizan o los presencian.
Más allá de la estadística
El trabajo realizado deja una conclusión clara: el tránsito no es únicamente un asunto técnico o normativo, sino profundamente humano. Detrás de cada siniestro hay familias, historias y comunidades atravesadas por el dolor. La tragedia reciente volvió a recordarlo con crudeza, pero las voces recogidas evidencian que la preocupación ya estaba presente.
Escuchar a la ciudadanía no resuelve por sí solo los problemas, pero aporta una radiografía de la percepción social que puede servir de insumo para reflexionar y actuar. En definitiva, el tránsito es un espacio compartido, y su seguridad depende tanto de las políticas públicas como de las decisiones cotidianas de cada persona que lo habita.