¿Los presos deben trabajar?
Contaba el historiador Fernández Saldaña que, habiéndolo dispuesto así el Jefe Político Dionisio Trillo en el año 1861, se sacaron a trabajar en las obras de la Plaza 33 y el puente de la calle Yacuy (hoy Julio Delgado) a los presos existentes en la cárcel pública. El periódico “El Salteño”, ante la nueva disposición y el lamentable aspecto que ofrecían los penados mal cubiertos de harapos y arrastrando sus cadenas, protestó por el espectáculo que llamó “repugnante” a la moralidad y contrario a la cultura que tanto resaltaba en nuestro pueblo”. Añadía el bien inspirado periodista que los presos tenían derecho a que se les diera una módica pensión diaria, ganada con su trabajo, para costearse con ella la manutención y los vestidos. Las señoras salteñas iniciaron enseguida una suscripción para remediar algo aquellas desgracias.
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