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Ramiro Ferreira no es solo un rostro conocido en los medios de comunicación. Es, ante todo, un hombre que ha construido con esfuerzo una identidad múltiple, sincera y transparente. “El personaje protege a la persona”, dice con serenidad al comenzar la entrevista. Actor, comunicador, humorista, escritor y asesor, Ramiro ha sabido combinar el arte y la palabra para crear un puente entre su vida y su trabajo.

Formado en teatro, Ferreira considera que el humor y la comunicación son dos caminos que se cruzan naturalmente. “Siempre me dijeron que tenía que dedicarme al humor o a la comunicación. Terminé haciendo las dos cosas”, comenta con una sonrisa. Su paso por la militancia política, sin embargo, lo dejó con una certeza, “A mí me gusta la política, pero la política no gusta de mí”.

Una identidad que no se negocia

A los 33 años, Ramiro Ferreira se define como un “activista social independiente”. Sin banderas partidarias, pero con convicciones firmes, defiende su identidad con orgullo. “Soy gay, y me pinto las uñas porque me gusta. Vi a la persona más masculina que conozco con las uñas pintadas y me pareció lindo. Pero todavía hay gente que lo ve como un escándalo”. El comunicador denuncia el conservadurismo que persiste en amplios sectores de la sociedad uruguaya, “Hay quienes piden libertad para todo, menos para la sexualidad. Aún hay miedo y prejuicio. Se habla de conspiraciones absurdas contra las infancias cuando lo que pedimos es respeto”. Para Ramiro, ese respeto no se ruega, “El respeto no se pide, se exige. Pero tiene que ser mutuo. Todos merecemos ser tratados con dignidad”.

Militancia, desilusión y esperanza

Ferreira reconoce que su paso por la militancia política fue intenso, pero agotador. “Yo me fui porque ya no tenía paciencia, porque me hacía mal. No tengo integridad para defender algo en lo que no creo”. Sin embargo, no pierde la fe en el valor de la política. “Es necesaria, pero necesita un escarmiento social. Tenemos que perderle la paciencia a los políticos, no tolerar las malas conductas y exigir que los privilegios se terminen”.

Su diagnóstico es claro, la política uruguaya requiere renovación, transparencia y una nueva generación de líderes. “En el Frente Amplio no veo liderazgos como los de antes, y en la coalición hay figuras fuertes, pero todavía falta pluralidad. Quizás sea el momento de una construcción más horizontal, más colectiva”, reflexiona.

“Amo a Salto y quiero que se levante”

El vínculo de Ramiro Ferreira con su tierra natal, Salto, es profundo. “Yo amo a este pueblo, con todos sus defectos. No me iría a Montevideo, me muero de la amargura allá”. Desde su mirada, el departamento necesita un proceso de unidad y reconstrucción cultural. “La gente está cansada del conflicto. Necesitamos dejar de dividirnos y empezar a empujar todos para el mismo lado”.

Ferreira reclama que Salto reciba un trato justo en materia de desarrollo e infraestructura: “Tenemos la represa de Salto Grande y seguimos pagando la energía más cara. Hay que pelear por una tarifa diferencial para el norte. Nadie nos va a regalar nada; hay que pedir y pelear”.

También defiende las iniciativas que benefician a la comunidad local, aunque sean pequeñas. “Unas camisetas para un equipo de baby fútbol pueden cambiarle la vida a un barrio entero. A veces no se dimensiona el impacto que tienen esas cosas”.

Educación y pantallas, una alerta urgente

Uno de los temas que más preocupa al comunicador es el futuro educativo de los niños y adolescentes. “Yo tuve el privilegio de crecer en una casa llena de libros. Hoy muchos gurises crecen frente a una pantalla”. Ferreira observa con preocupación cómo las nuevas generaciones pierden concentración, disciplina y curiosidad. “El trastorno de déficit de atención muchas veces lo genera el formato del celular, el scroll, el TikTok. Los niños se crían sin límites, y después no pueden adaptarse a la escuela, donde hay reglas y convivencia”.

A su juicio, los padres también deben asumir responsabilidad, “Si un niño llora porque le sacás el teléfono, déjalo llorar. Dale cubos, dale un papel, que dibuje, que toque, que explore”. El entrevistado no oculta su alarma por el aumento de la violencia en los centros educativos. “Cuando yo iba al liceo, me hacían bullying, pero no existía esa palabra. Hoy la violencia está desbordada, y los gurises ya no saben convivir”.

Salud mental y crisis social

Ferreira también vincula la salud mental con las condiciones materiales de vida. “No podemos hablar de salud mental si la gente no tiene trabajo o no sabe cómo va a pagar la luz. La salud mental no es una autoayuda de elite, es una necesidad básica”, advierte. Sostiene que Uruguay necesita políticas integrales: “Así como te hacés un análisis de sangre o te chequeás las vacunas, deberías tener una consulta psicológica rutinaria. Pero si el sistema te trata como un número, no sirve”.

Para el comunicador, la salud emocional y la cohesión social están directamente ligadas. “Estamos divididos, peleados. Y así no se puede avanzar. Es hora de reconstruir vínculos y volver a creer en la comunidad”.

El poder de la palabra y el respeto

En tiempos de discursos de odio y polarización, Ramiro Ferreira reivindica la palabra como herramienta de unión. “Las redes nos dan una impunidad tremenda. La gente dice cualquier cosa porque no mira a los ojos. Pero hay límites que no se deben cruzar”, advierte. Pese a todo, mantiene una visión esperanzadora. “Yo cambio de opinión cuando me convencen. Me parece sano hacerlo. No creo en vivir atado a los archivos. Uno crece, aprende y mejora”.

En sus palabras finales, deja una reflexión que resume su filosofía: “Trato de ser la mejor persona posible con la gente que quiero. A los que no me quieren, los dejo en paz y les deseo lo mejor”.

Una voz auténtica en tiempos de ruido

Ramiro Ferreira es, ante todo, una voz que busca autenticidad en un mundo de máscaras. Desde su lugar de comunicador, defiende la diversidad, la educación, la salud mental y el compromiso con la comunidad. Pero también, y sobre todo, defiende la necesidad de escucharnos. “Las transformaciones son culturales. Ningún gobierno puede sostenerse con una sociedad que no sabe cómo responderle. Por eso hay que volver a construir desde el respeto, desde el cariño y desde lo humano”.

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