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Restaurantes con pizza al horno de leña, vehículos eléctricos chinos en las calles y aplicaciones para pedir taxis desde el celular: la Corea del Norte que describió esta semana el diario The Wall Street Journal es irreconocible respecto del país que cerró sus fronteras durante la pandemia. El combustible de esa transformación tiene nombre y precio: la participación militar de Pyongyang en la guerra de Rusia contra Ucrania, que le reportó al régimen de Kim Jong-un entre 7.670 y 14.400 millones de dólares entre agosto de 2023 y diciembre de 2025, según un informe del Instituto para la Estrategia de Seguridad Nacional (INSS), un think tank de Seúl vinculado a los servicios de inteligencia surcoreanos.

La cifra incluye las exportaciones de material bélico —proyectiles de artillería, cohetes y misiles balísticos— y los ingresos derivados del despliegue de tropas, estimados en unos 620 millones de dólares adicionales por concepto de salarios y compensaciones por muerte en combate. La mayor parte de los pagos, sin embargo, llegaría en forma de tecnología militar sensible, según el mismo informe.

Armas, soldados y petróleo

La historia de este acuerdo comienza en 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania creó una demanda urgente de municiones que el Kremlin no podía satisfacer solo. Vladimir Putin voló a Pyongyang en 2024 y firmó con Kim un pacto de “mutua asistencia militar en caso de agresión”. La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de Corea del Sur estimó que desde los arsenales norcoreanos se enviaron a Rusia unos 33.000 contenedores de material bélico, equivalentes a más de 15 millones de proyectiles de artillería de 152 mm.

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