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La estrecha relación con el odiado “imperio”. El retorno al Fondo Monetario Internacional (FMI). Una amnistía que se le ha atragantado a los sectores más radicales. Y, por supuesto, las sospechas de traición sobre lo ocurrido el 3 de enero. El chavismo ha sufrido demasiadas cosas en apenas cuatro meses. En distintas intervenciones públicas, el ministro de Interior y secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, ha reconocido que la reconciliación con el FMI ha caído mal entre sus filas. “A algunos chavistas no les gustó porque inmediatamente van al facilismo de pensar que nos queremos endeudar”, admitió Cabello.

El principal agitador mediático del oficialismo, Mario Silva, histórico azote de la oposición venezolana, ha sido tendencia en redes, pero por sus cuestionamientos a la presidenta encargada Delcy Rodríguez. “Al comandante (Hugo Chávez) lo están borrando, sobre todo cuando el comandante era tan contundente con relación a que nosotros somos una nación antiimperialista, soberana y bolivariana”, fustigó Silva.

La cúpula cívico-militar del régimen ha evitado debatir públicamente los detalles que rodearon el ataque ejecutado por Estados Unidos el 3 de enero. Sin embargo, el portal chavista La Tabla ofreció su propia interpretación al afirmar que la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, fue posible por la “inacción radical de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)”.

Esa “inacción radical” la define como la “abstención deliberada o estructural del alto mando para activar capacidades disponibles frente a una amenaza identificada y neutralizable. No es falta de recursos. Es parálisis decisoria”.


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