
Antonio Machado /
Poesía por siempre vigente
En febrero se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del gran poeta español, uno de los mayores referentes de la notable Generación del 98. Fue y es uno de los poetas hispánicos más populares del pasado siglo, apenas superado en tal condición por Federico García Lorca. Lo fue desde mucho antes que Joan Manuel Serrat musicalizara algunos de sus más conocidos textos, circunstancia que -naturalmente- proyectó todavía más su difusión.
La Generación del 98
También se lo considera como uno de los intelectuales más destacados de la lúcida Generación del 98, junto el también poeta Juan Ramón Jiménez, el ensayista Azorín, el pensador Miguel de Unamuno, al dramaturgo Ramón del Valle Inclán, al novelista Pío Baroja. Todos ellos constituyeron la primera línea de esa promoción que asumió una postura dura y crítica ante la situación española de fines del siglo XIX; que tomara conciencia de ello plenamente luego del desastre de la última guerra colonial de España con la pérdida de Cuba.
La Generación del 98 buscó, con angustia muchas veces, la genuina identidad de lo hispánico. Y Machado lo logró con creces a través de la peculiar presencia del paisaje en su poética. Si bien era andaluz de nacimiento, adoptó –por razones de residencia y motivos sentimentales- el paisaje castellano, al que describió y delineó poéticamente como un acuarelista insuperable, universalizando su tono, su melancolía, su dureza, su belleza áspera.
Solidez de una obra
Su vasta producción comienza con “Soledades” (1889-1907), continúa luego con “Del camino”, “Galerías” y “Campos de Castilla” (1907-1917), proyectándose más tarde a sus “Páginas escogidas” y “Poesías completas”. El suyo es un verso clásico pero al mismo tiempo renovador, con un sentido especial para la descripción de paisajes exteriores pero sobre todo interiores. La frugalidad y sencillez de sus imágenes fueron ideales para recrear esa Castilla de adopción, donde iba a residir casi toda su vida. Había nacido en Sevilla, como lo confiesa en su tan conocido poema “Retrato”.
La poesía de Antonio Machado sigue mostrándose vital y mantiene plena vigencia en este nuevo milenio, mucho más que la de otros pares del 98, y que la de tantos que llegaron después al huerto de las letras hispánicas.
La conciencia cívica
Formado en la Institución de Libre Enseñanza -cuna de liberales progresistas en aquella España entre dos siglos-, cuando cae Alfonso XIII y con él la monarquía, Antonio Machado no podía asumir otra postura que la de consecuente republicano.
En 1936, cuando a causa del triunfo electoral del Frente Popular estalla la rebelión militar comandada por Francisco Franco, el poeta -ya sesentón, melancólico y cansado- tuvo sin embargo fuerzas para mantenerse firme en el apoyo a la República agredida. Quedan sus versos, como testimonio de su postura ante los acontecimientos de aquel dramático momento histórico, como por ejemplo los que dedicara al comandante Líster y su 5º Regimiento: “Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría”.
Pero en medio de aquel período borrascoso, cuando la norma colectiva en ambos bandos era ver la realidad en blanco y negro, Machado se mantuvo fiel al ideario raigalmente liberal y krausista que fuera el mejor legado de sus maestros. Eso explica el sentido de sus palabras pronunciadas en Valencia, en una reunión de las Juventudes Socialistas: “Yo no he sido marxista ni lo seré jamás...”
Un pálido final
En 1939, Antonio Machado y su madre anciana integraron la oleada de cientos de miles de refugiados que huyeron a Francia cruzando los Pirineos. Ambos murieron a poco de llegar, muy cerca de España, en la localidad de Collioure; primero su madre, y el poeta con diferencia de pocos días, el 26 de julio.
Y cosas que se reiteran en las guerras civiles. En España quedaba su hermano Manuel -poeta menor aunque valorable, con quien escribiera años antes exitosas piezas teatrales-, quien había optado por apoyar al bando franquista.
Alejandro Michelena
(Colaboración para Punto y Aparte-La Prensa Cultural)