¿Cuándo y cómo dejamos de ser una ciudad tranquila?
Hubo un tiempo —no tan lejano— en que Salto era sinónimo de calma. Una ciudad donde la noche no inspiraba miedo, donde los vecinos se saludaban por su nombre y donde caminar por una plaza al anochecer era un gesto cotidiano, no un acto de valentía. Hoy, basta con leer el parte policial para entender que algo profundo se ha roto. Y no es una sensación subjetiva: es una realidad que golpea todos los días. La violencia se ha vuelto parte del paisaje. Heridos de arma blanca, enfrentamientos entre grupos, persecuciones, robos y ajustes de cuentas aparecen casi a diario en las noticias. Ya no se trata de hechos aislados, sino de una dinámica que se repite con inquietante frecuencia. Y lo peor es que se está normalizando. Lo que antes nos horrorizaba, hoy apenas nos sorprende.
Menor natalidad e implicancias complejas
Venimos analizando el tema, no menor, de la enorme baja en la cantidad de niños nacidos vivos en todo el territorio nacional.
Anotaciones Callejeras
Hay un cruce que ha generado demasiados problemas en Salto y es el de las calles República Argentina y Brasil. Se trata de una esquina que parece común pero no lo es, porque los que vienen por República Argentina tienen preferencia y eso se entiende, pero la inmensa mayoría, por no decir casi casi todos, doblan por Brasil pues de lo contrario si siguen tienen solo una cuadra más y deben doblar hacia el río por 19 de Abril pues se termina la calle.
El PIT-CNT y la confusión de roles ante acuerdo Mercosur – Unión Europea
La posición del PIT-CNT, cuestionando el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, sorprende no solo por su contenido sino, sobre todo, por la lógica desde la cual se formula. La central sindical sostiene que el tratado fue negociado “de espaldas a las fuerzas sociales”, que carece de componentes políticos y de cooperación, y que se limita a un aspecto meramente comercial. Sin embargo, en ese planteo subyace una confusión de roles que conviene señalar con claridad: el PIT-CNT fue creado para defender los derechos de los trabajadores, no para cogobernar ni para vetar decisiones estratégicas adoptadas por autoridades legítimamente electas.