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Hay preguntas que incomodan precisamente porque nadie quiere responderlas. Una de ellas es qué está ocurriendo con la cultura del trabajo en Uruguay. No estamos hablando de que los uruguayos hayan dejado de trabajar. Sería absurdo. Miles de personas siguen levantándose de madrugada, cumpliendo horarios, manejando camiones, atendiendo comercios, trabajando en fábricas, construcciones, campos, oficinas y hospitales. Muchos lo hacen durante largas jornadas y con salarios que no siempre compensan el esfuerzo.

Un lector de nuestro Vespertino recibió una llamada de Opción Consultores y muy gentilmente una chica encuestadora solicitó hacerle preguntas anónimas sobre la situación del país.

Desde hace años escucho las mismas frases, o las mismas ideas, respecto al diálogo entre políticos: “hay que sacarse la camiseta”, “evitar las banderas políticas”, para así “estar unidos”. Siempre le escapé a esa idea de sacarse la camiseta porque intuyo que nadie es capaz, de por sí, de actuar de otra forma porque la “camiseta” lo condiciona. O simplemente no hay aptitud para eso. Lo cual, en mi opinión, conlleva traicionar una parte identitaria, empezando por las razones por las que uno es parte de determinado partido. Yo soy Colorado y eso no me impide poder conversar y estar de acuerdo, o diferir, con otra persona que está en otro espacio político. No tengo que quitarme ninguna camiseta ni bajar ninguna bandera para hacerlo. Tampoco exigir que alguien lo haga para que pueda dialogar conmigo. Imaginate decirle a alguien de Peñarol o Nacional que tiene que sacarse la camiseta. Impensable. La grandeza está en poder vivir y convivir aún teniendo la camiseta puesta, viendo más allá de esas diferencias.

“Me parece fantástico lo de la tarjeta, no guita. Y para comprar comida. Con la obligación mínima de mandar el botija a la escuela. Era así antes. ¿Por qué se cambió? ¿Por miedo a la urna?  Yo entiendo una sociedad con derechos y obligaciones.”

 Lo dijo el  3/08/2026            

                                          


La tenacidad y la cultura van de la mano en la fiesta de los diez años de los que el corazón y el alma de Silvio Previale han logrado a lo largo del tiempo. Esta celebración es un mojón más en una vida dedicada a la cultura, a difundir la música, el arte, la acordeón por todo el mundo llevando el legado de los orientales y de los salteños por América y Europa.

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