Dialogos frustrantes
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Por Mario Kroeff Devincenzi
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mkroeff@laprensa.com.uy
El Dialogo Social es una farsa inútil, un disimulo fantástico, solo para cumplir simbólicamente las demandas sindicales corporativas. El Dialogo de la Seguridad es una catarsis social, solo para saciar las ansiedades de la sociedad frente a la creciente ola de violencia en la que vive. El Diálogo de Políticas Internacionales, el Gobierno pretende consensuar sobre una posición de Estado en cuanto a las relaciones externas y mundiales. Una exageración imposible de cumplir de manera alguna y mucho menos con la izquierda en el poder. En todos los casos son pretensiones que eluden las responsabilidades y descartan los hechos reales y concretos.
En el caso del Dialogo Social es una práctica antigua. Como ejemplo reciente el caso de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Se votó en el Parlamento, tan luego Wilson Ferreira Aldunate se la puso al hombro, luego ocurrió el referéndum para anularla con el voto verde y amarillo con el resultado de la ratificación popular de la ley, después nuevamente se confirmó la ley en plebiscito votado junto a las elecciones nacionales de 2009. Y finalmente ratificaciones parlamentarias sucesivas.
Pero nada ni nunca fue suficiente, buscaron la vuelta para derogarla o dejarla colgada, con las mayorías de turno, las manifestaciones de siempre, el relato amplificado de la fábula de los “dos demonios”, que los tupamaros lucharon contra la dictadura militar y tanto revisionismo reformado. Conclusión, de otra manera y de distinta forma lograron revertir la situación y tirar por la borda la voluntad popular ampliamente mayoritaria.
Con la Seguridad Social van por el mismo camino. Con Dialoguitis y Asambleitis realizadas en todo el país, con la manija de los sindicatos y los operadores políticos correspondientes, irán sembrado dudas, aflorando nostalgias y afilando a un pueblo, para derogar una ley ampliamente necesaria y consensuada, en el Parlamento Nacional y en las urnas.
Y ahora de vuelta con la pelota en la casa del vecino y tan luego en materia de política internacional para consensuar en políticas de Estado. ¿Cómo? Pero si apoyaron a Chávez, Maduro y Venezuela, y hasta ahora lo hacen. Dicen que Venezuela es una “democracia en problemas” ¡qué descarados! Si estaban enamorados de los Castro y la República de Cuba con su revolución comunista que se exportó por todo el mundo, inclusive en Uruguay. Si ni se acuerdan de la pareja de dictadores de Nicaragua como los Ortega-Murillo que se comportan como una familia imperial absolutista. Si apoyan irremediablemente a Palestina y los terroristas de Hamas en la Franja de Gaza contra el Estado y el pueblo de Israel. Si no les importan los miles de presos políticos encerrados en las cárceles de todo el mundo que son infiernos en la Tierra. Si avalan a las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires y niegan a las Damas de Blanco de La Habana. Si no se les cae un pelo por las elecciones amañadas y los golpes de estado realizados a través de los tiempos. Si miran para otro lado por las sangrientas represiones en Caracas, Teheran, La Habana y toleran las ejecuciones sumarias de los revolucionarios de pacotilla. Si apoyan a Rusia y la invasión imperial de Ucrania de la mano de su presidente Vladimir Putin. Si uno rasca un poco y se ve la fascinación por Mao Zedong, el mayor criminal de todos los tiempos, fundador de la República Popular China, responsable de millones de muertos por represión y hambre en nombre del Comunismo, o Josef Stalin que persiguió, torturo y mató a otro tanto en la URSS por motivos políticos o intrigas del poder. Mataron entre los dos infinitamente muchisima más gente que Hitler en el régimen nazi y en la Segunda Guerra Mundial.
Entonces, en que lugar se pueden acordar los mínimos comunes denominadores con esta gente. ¿Cuáles son los punto de encuentro, sobre qué cosas? Misión imposible porque se trata del agua y el aceite, el Bien y el Mal, el Día y la Noche, la Paz y la Guerra, la Democracia y el Régimen. Punto y Aparte…